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Cértese p r esté raya. LOS nuestro buen padre. RAFAEL 1 N UT 1 LES CONTINUACIÓN los inútiles lo somos nosotros. RAFAEL no lo entiendo. Pues hija, MARGARITA ANÉCDOTAS INFAirrJCES tí N A A D Y E RT E N C J A f 3 educación de los príncipes y de los infantes es tan severa y. tan rigurosa, que á vetes llega á parecer un verdadero tormentó. Hay que etópézar á enseñarles desde su edad más tierna á someterse a los mandatos de la etiqueta, que es exigente en demasía; y, por lo tanto, es forzoso reprimir en ellos las naturales expansiones del ser humano, que no reconocen límite ni freno, y así resultan graciosos y adorables, tbs: hijos; del actual rey de Inglaterra, como todos los niños de rango parecido, fueron educados con gran severidad. Sobre todo en la mesa, bien puede decirse que están esclavos de la etiqueta. Estaban obligados á. hablar francés y alemán, permitiéndoseles sólo el empleo dé áu diez minutos después de la cóniida, tiempo que teñían tanibiéñ que perttianecer sin moverse de su sitio. Cuando se dirigían á cualquiera de los comensales, habían de cuidarse de no inclinarse hacia él. Debían tener asimismo mucho cuidado para no dirigir á nadie la palabra hasta que. no hubiese terminado de hablar el anterior. Y otra porción de cosas, no menos necesarias. Üttayéz comían todos ellos con sus padres y con el abuelo paterno, eí entopees rey de Inglaterra Eduardo VII, y de pronto, el Mfantito EdüarBo Alberto, actual príncipe de Gales, le dijo. -7 A: buelito, ábüelito. i. V Eduardo VII hizo como que no le oía y siguió comiendo. -i Abüelito insistió el niñ Eltó Etitónees no: se atrevió Eduardo Alberto á repetir la llamada, corfljpiréndiendo tal ve ¿que había cometido una falta. P e r o cuándo terminó la comida, dijo á su abuelo: -En la rnesa quería decirte que tenías un bichito en la ensalada; pero ya es inútil, porque te lo has comido. Es muy sencillo. Pasaba una señorita con su mamá, y unos chicos la echaron esas bolitas con pinchos en las espaldas y en el pelo. Yo eri seguida la avisé, y las fui quitándoy ¡y no sabes cómo pinchan! La mamá me dio niil gracias, y aunque yo no los quería recibir, me dio ésos céntimos. Yo, pensando en la- abuelita, acabé por aceptarlos, porque es lo que yo decía- esto no es una limosna, ¿verdad? Es una propina por un servicio. KAFAKL i Y que lo digas! ¡Qué rabia! Si uno tuviera unos años más, podría ganar en cualquier oficio. MARGARITA Si jfo fuera mayorcita sena al Írtenos niñera; pero ninguno ¿e fía de que pueda con un chico. RAFAEL ¿Y qué hacemos? MARGARITA La abuelita nos espera; irnos á casa. RAFAEL Sí, sí, que estará intranquila. MARGARITA ¡Canario, qué filósofa eres, chica! MARGARITA Nos va á ver volver muy tristes. RAFAEL Por lo demás no he encontrado, buscándolo todo el día, un sitio donde uña pueda ganarse algunas perrillas; RAFAEL Y con las manos vafcías, que eslopeor. MARGARITA ¡Tenía razón la abuela! MARGARITA í ¿Qué es aquello? (Señalando á un bulto que ve en el suelo. Áy, mira, Rafael, mira; és un gatito. RAFAEL ¡Ya se ve que la tenía! RAFAEL Esánútil qué busquemos ocupación, Margarita. MARGARITA ¿Un gatíto? (Van hacia él y Margarita le coge. MARGARITA í Mira qué mono y qué herida íiene aquí! RAFAEL ¿Tú sabes por qué es inútil? Porque, la verdad sea dicha. 208- Le habrán tirado Continuará.