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sobre la arena, implorando con fervorosa oración el auxilio d; e Pios. El pequeño, ante la esperanza de encontrar algún alimento, se alejó un poco, volviendo loco dé contento, gritando: -Abuelo, alégrate conmigo. ¡He encontrado un saco de avellanas! -Hijo mío, yo no podré comerlas- -dijo el moro tristemente. Y el chico repuso: No te apures, que mis dientes son bastante fuertes para partirlas todas. Ambos se dispusieron á tomar lo que el cielo les enviaba, sin sospechar que lo que el taleguito encerraba río era comestible. j Qué desilusión! Estaba lleno de perlas. ¿Y esto qué es? -preguntó el morito. Una cosa que vale mucho dinero, aunque p ra nosotros valga menos que un pedazo de pan- -contestó el abuelo. -Si tú quieres- -propuso el niño, reanimado con un resplandor de esperanza, -volveré á la ciudad, venderé nuestro tesoro, alquilaré un camello, compraré muchos víveres y volveré á buscarte. Estoy tan alegre, que TÍO siento la menor fatiga. -Calla, calla, hijo del alma- -se apresuró á replicar elviejecito. -Tú no sabes que el dinero que tendiesen por estas perfes quemaría tus manos, y los víveres que corriprases con él nos causarían la muerte. ¿Serán acaso perlas del pecado? -No; pero nosotros le cometeríamos muy grande apropiándonos lo que no nos pertenece. ¡Entonces, será preciso morir aquí! -suspiró el chiquillo. Y el abuelo respondió gravemente: Levanta tu corazón á Dios y él nos socorrerá. Apenas habían transcurrido algunos minutos cuando vieron venir hacia ellos á un hombre joven conduciendo un camello. -Ese debe ser el dueño de las perlas- -exclamó el abuelo. -Corre á llevárselas y cuéntale la situación en que nos encontramos por si puede socorrernos. La Providencia no retardó el premio que la honradez y la virtud merecían. El anciano y el niño, colocados sobre el camello, fueron llevados adonde su caravana acampaba, después de haberlos obsequiado con abundantes y deliciosos manjares. MAMA DE -202- LA FORTUNA DE CONCLUSIÓN PEPOND á 1 nSlK Y f ti 5 f i 14. Le cargó con dos serones llenos de ricos, bombones. m 3 j sís B B J 13. Como no era tonto el chico compró un precioso borrico, 15. Y era la gran alegría para la chiquillería. 16. Como una persona ducha, muy pronto llenó la hucha. i Sr 1 S Yx tX SLV- ívX i 11 l l 1 1 J r 17. Y después, al año escaso, logró hacer un buea traspuso. 18. Quedando al fin el Pepón hecho todo un se orón. PERALES. -307-