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LA VIDA DIARIA 1 A filosofía es un gran consuelo en todos los infor tunios... ¿Quién lo duda... Y si no fuera para eso, ¿para qué serviría... Cierto que nunca se llegará á la unificación de todos sus sistemas; pero, precisamente por eso, cada cual puede buscar el que mejor le acomode y usarle con el éxito que esperaba. Yo también tengo mi filósofo favorito. Es decir, yo amo á un filósofo sobre todos los demás, porque á él le debo esta especie de aleg -ía resignada que me perminemos arrojados del mundo por el desvío ó la traición de la mujer amada; sentía la amargura sin nombre que produce la vida diaria, monótona, vulgar, forzosamente reglamentada, sin esperanzas de salvación... ¡Todo igual siempre! ¡Las mismas preocupaciones; las idénticas alegrías, bien escasas por cierto; el trabajo más ó menos exacto, á través de los días y de los años... Iba solo en el departamento, metido en un rincón, martirizándome con tales meditaciones... ¡Cómo comprenderéis mi dolor de entonces cuantos hayáis pasado por el mismo trance... ¡Cómo recordaréis el tedio abrumador, el aplanamiento de esos instantes crueles... Envidiamos á todo el mundo y cambiaría mos, á ser posible, nuestro destino con el de las gentes más humildes; y como ésta es la única ilusión que llega á nuestra eterna noche, la imposibilidad de realizarla aumenta nuestro duelo. El tren se detuvo en una estación, y los ruidos y las voces de costumbre sacáronme de mis pensamientos, pero no de mi tristeza. Maquinalmente me asomé á la ventanilla, quedando allí sobrecogido y maravillado. Era aquél un sitio encantador, uno de esos rincones propios del país que no sabemos dónde existe, aunque le visitamos tantas veces... Un dulce aroma llenaba el ambiente; balanceábanse los árboles pomposos y floridos al suave impulso de una brisa ligera y los pájaros saltaban juguetones concertando sus voces armoniosas... A poca distancia se divisaba el pueblo, con sus casitas blancas y cuidadas, construidas con un gusto irreprochable pero indefinible. De vez en ye? destacábanse las alegres notas de los jardines y, la verde frescura de los huertos. El mar limitaba el paisaje. Un mar tranquilo intensamente azul, surcado por airosas barcas veleras. El espectáculo aumentó mi tristeza. ¡Porque aquél era el ideal que yo jamás realizaría! ¡Vivir en una de aquellas casitas, tener uno de aquellos jardines, cuidar uno de aquellos huertos, correr por el mar en una de aquellas barcas... Sólo así acabaría la amargura de mi vida diaria, monótona, vulgar, forzosamente reglamentada y sin esperanzas de salvación. ¡Oh, dolor incurable y definitivo... Volví á hundirme en el asiento y en mis meditaciones... Entonces vi claramente frente á mí una sombraque fué tomando cuerpo hasta convertirse en unapersona humana... Es decir, creo que la vi, porqu. aún me parece que la veo y oigo sus palabras inolvidables... Aunque creo también que todo fué ilusión puesto que esas apariciones sólo existen en los niños y en las leyendas. Era un hombre el aparecido. Un hombre de tipo corriente, de edad mediana y vulgar fisonomía. Me habló de este modo, mirándome con ojos ni chicos ni grandes, mientras me enseñaba su diestra cerrada como para reforzar sus palabras: -Eres un infeliz y te apuras por lo que debería apurar á todo el mundo, si fuera cierto lo que piensas... ¡La vida diaria... ¡Pero si no hay otra! Como tuvieras que vivir en este pueblecito, que te parece un ideal, á los dos meses estarías tan desesperado como ahora, puesto que tendrías que hacer las mismas cosas, sobre poco más ó menos, á través de los días y de los años... jTodo es igual en todas partes... ¡Sólo nos parece irresistible lo que tenemos; y en nuestra propia vida creemos hallar la monotonía que es ley inmutable del mundo... No hay más remedio que conformarse... No olvides esto que he dicho yo mu cho antes que otros presuntuosos señores, los cuale; se indignarían si les llamaran compañeros míos... ¡Yi soy Perogrullo! ¡Oh, profundo, inmortal filósofo... ¡Bendito seas Porque te debo esta especie de alegría resignada que me perinite vivir casi tranquilo... ANTONIO PALOMERO. te vivir casi tranquilo. Su nombre, iamihar á todo el mundo, suele ser citado con desdén, porque nadie supone á quien lo lleva capaz de enseñarnos nada beneficioso, i Profurido error... Por mi parte lo digo, con la lealtad que se exige en las declaraciones fundamentales. Viajaba yo una vez... ¿con qué dirección... No lo sé. Sólo recuerdo que arrastraba una inmensa pesadumbre, un dolor incurable y definitivo al parecer: el acabamiento de todas mis ilusiones... No- era una víctima del amor, como pudiera creerse por ese estado de mi espíritu, el más corriente cuando nos supo- nikujo üe Medina Vera.