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0 Ttese fmt Tarrc LA BONDAD DE LOS ANIMALES eneralmente se cree- que los animales realizan sus buenas acciones para obtener una recompensa, como e r perro cuando se muestra, cariñoso en espera de un hueso, el gato que se sube amorosamente sobre las rodillas de su ama aguardando una cucharadita de dulce, etc. etc. Pero esto no es verdad siempre, porque fen el mismo caso estamos nosotros cuando somos buenos para- aspirar á un premio. Y, sin embargo, no se dice que el hombre realice las buenas acciones que realiza porque le tiene cuenta realizarlas. No; no hay que ser tan mal pensados. Hay que suponer, por el contrario, que las buenas acciones de algunos animales son completamente desinteresadas; es decir, que no les producen á ellos ningún beneficio. ¿Quien no sabe que los perros del monte de San Bernardo han salvado la vida á multitud de personas? ¿Quién no ha oído contar el caso do un perro que se ha arrojado al agua para salyar á un hombre que se ahogaba... Pues aquí no hay mas remedio que creer en el desinterés de esos animalitos, pues ninguno esperaba la menor recompensa por su buena acción. Ni siquiera una de esas medallas i, á los hombres se les otorgan en casos análogos aunque- nOi- as suiiciten. V s; V El mismo lobo, qiie nos parece tan crtiel, s capaz de ser bueno y complaciente si se le educa desde pequeño Gorno Si fuera un perro, según está comprobado. Lo que nos viene a dérnostrar que la educación es el todo. Recuérdese, si no, cómo los leonés, las panteras: y otras fieras, en cuanto se domestican, pierden la crueldad de sus itistintos. Por las calles vemos á lo mejor á un hombre con un pso enorme que le ayuda á ganarse la vida. El oso es grande, tiene uiía fuerza enorme, resulta imponente, y, no obstante, se somete con toda docilidad a l o que el hombre le rnanda: baila, salta, da vueltas y I no intenta siquiera escaparse. ¿No es cosa de creer que ha tomado cariño á su amo, que le inspira piedad su miseria, y por eso le ayuda y que le causaría verdadero dolor abandonarle? A lo mejor sabemos que un gato se queda delgado, maulla con tristeza y llega hasta morirse jporhaberjp. erdido los cuidados de su ama. En algunospájaros enjaulados observamos lo mismos. ¿Por qué hemos de creer que los pobres animalitos son unos egoístas, en vez de suponerlos capaces de buenos sentimientos? Creamos. en la, JjC! ndá 4. da. los. ania) ales. Y esta, creencia nos servirá también para (jüe nosotros mismos seamos buenos. LOS 1 N UTl LES RAFAEL G COMEDIA EN DOS ACTOS Personajes: M a r g a r i t a o o h o años; Rafael, dlezi A r t u r o treoei t u i s Dávlla i s a padrel. t r e i n t a El teatro representa el fiuai de una calle qne desemboca en u n paseo. ¿Por derrochadora? ¡Atiza! ¿Qué has derrochado? MARGARITA ESCENA PRIMERA RAPAELJ y después MARGARITA RAFAEL ¡Estoy reventando! ¿Cómo estará esa pobre chica? Seis horas de Ceca en Meca por las calles de la villa, un rato á pie y otro andando, como dice la abiielita. ¡Pobre abuela! Ahora comprendo con qué razón nos decía ¿Adonde vais, criaturas? ¿Qué os figuráis que es la vida? ¡Volveréis luego rendidos y con las manos vacías! ¡Tenía razón! En vano busqué trabajo. Me miran, se sonríen y me dicen: Bravo, muchacho, es muy digna tu conducta; ¡pero eres tan pequeño todavía! Por ahora, aquí no tengo en qué emplearte. Yla misma canción en todos los sitios en que estuve. Margarita, i habrá tenido más suerte? Mucho tarda; j) obrecilla, á juzgar por mi cansancio, debe ella de estar rendida. Allí viene. Ya me ha visto. No corras, no andes de prisa, que vendrás muerta. MARGARITA Diez céntimos. Me he subido ep un tranvía; pero es que de otra manera no estaría aquí. RAFAEL Chiquilla, ¿qué he de reñirte? Al contrario, me alegro, porque eso indica que si has gastado diez céntimo es señal de que tenías dinero. MARGARITA Tengo otros treinta. RAFAEL Según eso, el primer día ya has encontrado trabajo. MARGARITA Cállate. No me lo digas, que estoy más triste... Me dicen en todas partes: Pero, hija; cómo quieres que te demos bajo siendo tan chica? RAFAEL La misma canción. MARGARITA lo mismo? ¿Te han dicho RAFAEL ¡Ay, hermano! Perdóname; no me riñas. ¿Por qué? RAFAEL MARGARITA Mas ¿cómo explicas ese dinero que tienes? ¡Pediste limosna! MARGARITA Por derrochadora. i Quita! i Qué he de pedir! No lo creas. A mí nunca se me olvida lo que nos decía siempre Continuará, 196-