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Córtese p r esta raya. ELMIEPP UNA DEDUCCIÓN una vez de cierto capitán que se vanagloriaba de no haber tenido miedo en su vida, contestó: ¡Por lo vistcí, jawiás tuvo que apagar un candil con los dedos! Estas palabras, t a n sencillas como la acción á que se refieren, encierran una gran ejiseñanza. PE SÉNECA Porque nos hacen comprender que el hombre cajjaz de jugarse la Come para vivir, no vivas para vida siempre que su deber se lo- comer. exige, puede aterrarse ante la cosa Más vale un bocado de pan con más insignificante, sjn que por ello alegría que la casa llena de regalos quede desconceptuado ni empaque si- en ella no hay paz. fiectdo. Procurad tratar, vuestros asuntos con el amigo y jamás fiéis LAS PALAB AS vu 4 stros asuntos al extraño. I f na niñita, muy mona por cierta, hablando con su papá de la institutriz, le pregunta: -Dime, papá, ¿debe decirse la -CHARADA FÁCIL institutriz me carga, ó la institu- R E M I T I D A P O R RAFAEL ESPUCHE triz me revienta? De doce años. El papá contesta con gravedad: Me carga refleja mejor el Mi primera es una letra; pensamiento: pero me fastidi la dos, virtud teologal, es más respeíuoso. y el todo de esta charada se bebe y no sabe mal. EXACTITUD La, solución en el número pró 1 Jn profesor de Aritmética con vida á comer á uno de sus dis- ximo. cípulos. Después de haber apurado el muchacho una copa de un buen viSOLUCIÓN nillo, exclama: AL JEROQLÍFICO DEL NÚMERO í Esto es un néctar! -No, señor- -contesta el profeANTERIOR sor; -cuando se trata de líquidos, se llama hectolitro. ATRASO -200 cuenta que S erador Carlos el finioso EmpeV, oyendo hablar A Ifonsito, que es muy curioso, y al mismo tiempo muy desconfiado, le pregunta á su papá: -Papa, ¿es verdad que los antiguos escribían en las piedras? -Sí, hijo mío, es verdad. ¡Pobres carteros! -responde Alfonsito suspirando. ¡Vaya un trabajo para repartir las cartas! ASO VI. MADRID, 18 D E J ü í í I O D E 1911 líCM. 25. LA ROSA Y EL VIENTO I J n halo de luz blanquecina y trémula coronó los; montes, descen dio pi í ellos y, atravesando el campo, besó, temblando de cariño, un rosal escondido en el rincón de un jardín, no muy lejos de una foiitana coronada por un amorcillo vendado. Con el alba se despertó el viento y comenzó á susurrar al oído de una rosa: -Mira, se avecina el más hermoso día de Mayo. Los pajarillos WS-