Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
caríese f r esia raya. EL MOVIMIENTO CONTINUQ 1 os sabios dicen que esto del movimiento continuo es un proble ma que nadie ha resuelto ni podrá resolver j arrias. Pero nosotros, sin ser sabios, podemos resolverlo de una manera bien sencilla, dicho sea con su permiso. Movimiento continuo durante un rato, claro está, porque si fuera d e u n modo permanen te, nos aburriría á nosotros mismos. ¡Vamos allá... Tallemos e n un pedazo de corcho una cruz con sus c u a t r o braz ó s iguales y redondos (fig. I) y peguemos en el ext r e m o de cada u n o de ellos un trozo dé alcanfor g r a n d e cito, lo cuál podemos hacer con lacre (figura 2) Después hagamos un muñ e q u i t o plano, u n a figura cualquiera, que podemos cortar si ner de un libro ó de u n a estampa, y coloquémosle bien p e g a d ito en el centro de la cruz, del lado opuesto a l d e l alcanfor (figura 3) ¡Ya tenemos el aparato que ha de producir el movimiento continuo! Ahora no hay más que Colocarle en una cazuela, en un barreño ó en cualquier depósito de agua análogo y le veremos dar vueltas con rapidez (fig. 4) hasta que el alcanfor se consuma. Conviene repetir que los brazos de la cruz deben ser redondos, pues si fueran rectos no giraría bien lá figura. -190- r ti 1 k MU. LOS A L I A D O S AMBICIOSOS Con e! fin de realizar sus ambiciosos afanes, llegaron á un palomar, á un tiempo, dos gavilanes. Al mirarse, contrariados, temiendo la competencia, se sintieron enojados y armaron una pendencia, á la que, cobardemente, bien pronto pusieron fin conviniendo, mutuamente en repartirse el botíi? Unidos por la ambición, ya que no por la amistad, sin más ley ni más razón que su instinto y su maldad, relamiéndose de gusto en el palomar entraron... ¡y es de suponer el susto que á los palomos causaron! Todos, por salvar la vida, abandonaron el nido para buscar la salida, menos uno que, escondido, decía: ¡Tened paciencia y calmad vuestros afanes, porque tengo la creencfa de que esos dos gavilanes, esclavos de su ambición, que con nuestro daño gozan, cuando cojan un pichón ellos solos se destrozan! JosE RODÁO. -1 7- i u O O llf, ¿fVI te p w M ii.