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bre insecto con voz dolorida. -Por conñar demasiado en mí misma me veo ahora en trance tan apurado. Desde aquel árbol vi, á través de la corriente cristalina, unas florecillas, y pretendí llegar hasta ellas, segura de que mis alas tendrían fuerza suficiente para sacarme á flote en cuanto mi capricho estuviese satisfecho. Pero no pensé que con las alas mojadas no podría volar, y aquí me tienes, rendida de luchar para sostenerme á flote, esperando que la corriente arrastre mi débil cuerpecillo. -No te desanimes- -repuso conmovido el gorrión. -Procura sostenerte algunos minutos y yo te salvaré. Uniendo la acción á la palabra, cortó con su pico una hoja de sauce y la echó al río, con tan buen acierto, que fué á caer justo al lado de la avispa, la cual, sin gran esfuerzo, pudo colocarse encima y esperar, suavemente mecida por el balanceo de las aguas, á que sus alas se secasen. El gorrión, satisfecho de su hazaña, contestó con cierto aire de superioridad á las demostraciones de gratitud de la pobre avispa, desdeñando el ofrecimiento que sinceramente le hizo, poniéndose á su disposición si alguna vez necesitase su auxilio. -Gracias, amiga mia- -dijo el avecilla; mis alas son fuertes y mi vuelo demasiado rápido para necesitar de nadie. Transcurrieron varios días, y una tarde aparecieron por allí dos muchachitos, dispuestos á. divertirse durante un par de horas. El uno, con los trebejos de pescar, se sentó á la orilla del río, y el otro, cargando su escopeta 4 e perdigones, se preparó á cazar pájaros. Impaciente viendo que ni uno solo se ponía á tiro, dijo á su compañero que preferiría volverse al pueblo; pero el pescador, más afortunado, iba llenando de truchas su morral y le suplicó que esperase un rato más. El cazador, convencido de que entre aquellos hermosos árboles no existía ningún pájaro, se sentó de mal talante sobre un montón de piedras. A los pocos momentos, el gorrión que ya conocemos cruzó veloz el espacio, yendo á posarse sobre la hierba. Verle el muchacho, coger la escopeta y apuntarle fué instantáneo. El peligro era inminente; un segundo más tarde la infeliz avecilla habría muerto si la avispa, con rapidez vertiginosa, no hubiese acudido en su auxilio, clavando su aguijón en la mano del cazador en el momento que apretaba el gatillo. El dolor que sintió le hizo perder la puntería, y el gorrión, al oír el ruido, voló á esconderse entre las ramas de un árbol, adonde fué á buscarle la avispa para decirle: -No te creas superior á los demás ni desdeñes al débil; la humildad vence siempre á la soberbia, y el ser más insignificante de la creación será capaz de realizar grandes hechos si le impulsa un sentimiento de gratitud. MARÍA D E P E R A L E S -186- LA FORTUNA DE w PEPONÍ -y, -q k fJr OÍS 0i nU 3 l- j ffir ro fc n ¿y mm T V -X J I. Era el Pepón un golfito de lo más escogidito. LÍ CS 2. En el tupi del Indiano desayuna muy temprano. E 3. Trabaja de tal manera que va haciendo su carrera. -T N ¿T T 4. Come, y le viene muy ancho todos los días el rancho. 1 1 Fx 1 fi- L sA iT viPik f f O J m 5. Antes de ponerse el sol dedica un rato al foot- ball. 6. Y por la noche, al teatrol 1 ¡No lo creerán njás de cuatcftl 1 9 1- T-