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SEÑORITOS TOREROS. r toreros- señoritos, como ustedes quieran, aun que no sea lo mismo, según verá más adelante el que leyere. E l anhelo de notoriedad y el ansia de explorar lo desconocido, que son los dos movimientos que con mayor fuerza hacen palpitar los corazones primerizos, empujan á muchos jóvenes á empresas peligrosas unos se lanzan po: los aires dirigiendo esas aeronaves que casi siempre se vienen á pique, otros se hacen cómicos, éste se viste el airoso traje de luces y sale al ruedo taurino á entregar su piel á los pitones de un Miura, aquél salva los abismos alpinos... y salva la vida por misericordia divina... en fin, los hay que ¡hasta se casan... Pero entre todos estos jóvenes animosos que, teniendo la mesa puesta, aventuran su bienestar y oponen su temeridad al instinto de conservación, los que más apasionan á las muchedumbres son los que llamamos familiarmente señoritos- toreros. Hemos conocido algunos señoritos- toreros; pero siempre fué mayor el número de los toreros- señoritos; es decir, señoritos á posterióri, gracias al acompañamiento de guitarra ó de metal ganado en el toreo. He ahí la diferencia. El. estupendo éxito logrado por el distinguido joven malagueño D. Rafael Gómez Branley en las novilladas en que tomó parte recientemente en la plaza de toros de Madrid ha causado profunda impresión entre los buenos aficionados á nuestra fiesta ex nacional- -ya se torea por todo lo alto en Francia, Portugal y algunas repúblicas americanas, -los cuales discuten con ardimiento si el aristocrático torero estira poco ó mucho los brazos en los lances de capa, ó si pasa de muleta con los pies atornillados en la arena ó pegados simplemente á ella con syndetikon. Fuera de duda está que ya iba necesitando el arte tan ino un sacerdote máximo y la afición un idolo que la apasionara, pues los que en estos últimos tiempos mantenían el entusiasmo de los taurófilos estaban más pasados de moda que las sortijas de pelo... Este feliz acontecimiento taurino- -al igual que otros que se producen por causas distintas y en otros aspectos del sport- -no tienen más desventaja que la que constituirán sus resultados, pues para no hacer añicos los moldes de la costumbre de la imitación, que se ha nacionalizado en España, van á salirle al diestro malagueño má. s émulos que contratas, aunque tenga todas las que yo le deseo. A estas horas hay ya un centenar de jóvenes que usan botines crema y guantes ámbar, soñando con arrebatar á los morenos á fuerza de estocadas en los rubios. i Ahí es moco de pavo el pasar de la aristocracia á la tauromacracia ó taurinocracia- -nueva categoría social envidiada por todas las demás- -por aclamación de una muchedumbre entusiasmada y sin sacar ni un mal rasguño en la taleguilla... En vista, pues, de este caso y de otros semejantes, que no hay para qué enumerar ni comentar, parece hallarse fuera de toda duda un cambio radica lísimo en la costumbre y en los usos taurinos. Por lo pronto, yo sé de un archivero de frases taurinas que. ya ha mandado recoger y encerrar en su archivo, para que no vuelva á darle el sol, aquella tan famosa: Más comas da el hambre A muchos espectadores de garrote, bocina y bota de lo negro les contraria seriamente esta invasión de las clases distinguidas en el campo de las profesiones arriesgadas cuyo ejercicio paremia estar reservado á aquellos que representan las úU xias capas y las penúltimas capeas sociales. Ello; uismos lo dicen, desde que saben que un diputado de la mayoría ha sesgado un buen par en una becerrada que se celebró hace poco en un corral sevillano: