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do lo cieno como cierío y lo dudoso cDnio dudoso. Todo se andará, vuelvo á decir, y si Dios quiere y cuaja, comeremos queso ü lo que es lo mismo... -Que algo sé yo acerca del voquible, hallado por casualidad en una carta de principios del siglo pasado, escrita por el marqués de Aldibuena á un su deudo, y que se conserva en el archivo de la casa. Es graciosísimo. Oiga. usted: on deleite, señora! -Cuando los cien mil hijos de San Luis prestaron el apoyo de su brazo á los mil y cien hijos de San Fernando que lo solicitaron, y estando ya casi toda Andalucía bajo la égida de los protectores del Rey Deseado, publicóse cierto día en Sevilla un bando anunciando para la tarde siguiente la llegala de un Maréchal ferrant encargado de la compra le algunos buenos caDallos. La gitanería hispalense ilborotóse de gozo y no hubo chalán que no se) ropusiera acudir á Tablada con lo mejor y más granado de cuanto pudiera caer bajo sus uñas. Hubo r. quello de: JMaoliyo: s ha menesté jasé u n esfuerso. Mañana, á Tabla con er cabayo é Santiago, er de San Jorge, er de San Martín y lo de toitica la cabayería celestiá. Y Maoliyo y cincuenta Maoliyos acudieron á la dehesa al día siguiente, dispuestos á dar gato por liebre al rumboso gabacho que tan incautamente se les entraba por las puertas. No contaron con la huéspeda los gitanillos. Sí, allí estaba er marisca, alto, finchado, con unos mostachos que metían miedo; allí estaba, pie á tierra, con algunos ayudantes, mirando con rápido, seguro é inteligente golpe de vista los caballos que ante sus ojos desfilaban, en pelo, asidos por el ronzal de la cabezada. Acudía el gitano, ceremonioso y zalamero, mostrando, con el mismo orgullo que usted, marqués, nos enseña su estupendo Alcora ó su Saxe maravilloso, la mejor alhaja de su caballeriza... Lustroso venía el animal, á fuerza de lúa y de almohaza, peinadas crines y cola, embetunado el leve casco jerezano, y caracoleando soberbio, piafando impaciente, engallándose genCíl, ofrecía á la inteligente mirada del franchute todos los primores de su lámina velazqueña de exquisito dibujo, todas las arrogancias de su raza escogida, seleccionada; la esbeltez de sus fino: rw: os, la brevedad de su acarnerada- cabeza, la rotundidad de su pujante grupa, el braceo elegante, majestuoso de sus manos, añorantes aún de las camándulas... ¡Viniéranle al gabacho, no ór go ya con el menor asomo de esparaván, de alcance, de alifafe disimulado, ni aun de las inás esi ondidas dolamas! Instantánea era la selección, inapelable el fallo. Hombre era el mariscal de mucho genio y de pocas palabras. ¡Bo! -decía- (bon: bueno) Y el potro pasaba á un lado para trato ulterior. N ein píe pa -sentenciaba. (Ne me plait pas: no me gusta) Y el jaco, desechado, podía retirarse con todos sus deshonores. Y como lo malo fuese muy superior á lo bueno, escaseaba tanto el bo como abundaba el n em pie pa, contraído, á fuerza de repetirlo, á un seco y conciso pie pa inapelable. Pasaba un caballo de recibo: ¡Bo! Otro inadmisible: ¡Pie pa! Otro tal: ¡Pie pa! Otros como los anteriores: ¡Pie pa! ¡Pie pa! ¡Pie paj Y cuando Maoliyo, cabizbajo y sin estrenarse, regresaba á Sevilla con su reata de matalones desechados, hubo de toparse con otro cofrade que á Tablada acudía con un jamelgo barnizado y pulido. ¿Ande v asté, compare? -dijo Maoliyo á su compinche- -con esa bandurria? A Tabla, á da un consierto... P o da la cosaliá que vengo yo d ayí y que le vi á ajorrá asté la mita er viaje. En cuántico qu er chavó aqué que jase d Undebel en er juisio fina, diquele esta filigrana é Córdoba, le dise asté qu e una plepa y se quea asté con eya pa mejora la rasa. ¿Osté ve toa s estas que yo me traigo... Po, comparito, ¡toas. son plepas... ¡Y ya sabe usted tanto como yo, embobadísimo marqués! VICENTE DIEZ DE TEjADA. Bibnjo de Méndez Bringa. 5 6 78-