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IPS TOROS NOTAS TAURINAS HISTORIAS NOVELESCAS EL PAN DE LilGARTIJO j o i alguien se hubiera tomado la nio lestia de recopilar los episodios de verdadera gracia ocurridos en la capital francesa á los toreros que la vi- mañana que saho a pasear con su hermano Juan por las calles de la inmensa villa. -Un, tanto cansado de promenade, el gran califa cordobés dijo á su hermano: ¿No te paese, Jnzn, que la carpanta jase o suyo y va á ser cosa de tomar argot fritos, que en eso no hay equivocasión ni les untarán poma de esa que le dan aquí á casi too lo que guisan. Convinieron en ello y en cuanto vieron la muestra de un restaiirant en él penetraron, y sentados en u n u mesa tocaron palmas, llamando al camarero. Rápido y excesivamente amab 1 e sitaron con motivo de la Exposición del. año 1889, bien se podía formar un libro por cuya amenidad é interés pagaría el público lo que le pidieran. Uno de los muchos que en tal colección debían figurar, f u é el que ocurrió al gran Rafael Molina; una -Sí, Rafaé, eso t iba yo á desir; que vamo á arguna parte que den de jama. -Pos ar primé restaurante que encontremo, mos colamo á ve qué tien de com. é. Lo mejó serk pedí unos huevps acudió el gárgon, quien preguntó á Rafael: ¿Qu est ce que vous vqules? Lo aríi o supuso lo que significaba aquel jeroglífico que, hahía oído, y dijo: -Tráenos á ca uno un oar de hue-