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Z Aparte de estas desgracias que trae consigo el sport del ciclismo y de algún batacazo más ó menos doloroso, es indudable que para tener algún prestigio en el mundo y atraerse las simpatías y la admiración del bello sexo, hace falta montar en bicicleta, ser miembro de algún Club ciclista, haber salido victorioso en un par de carreras por lo menos, ó haberse estrellado contra una esquina por desperfectos en el neumático Actualmente, para ciertas chicas casaderas en particular, vale más un sportsman que un abogado, que un accionista del Banco de España ó que un torero con alternativa. Cuando nos gusta una joven y queremos entrar en noviazgo con ella, nos vemos obligados á sufrir el inquisitorial interrogatorio de la futura mamá política, que nos dice, mirándonos de arriba á abajo: -Mi hija tiene diez y siete Febreros y es pura é inocente como una gaviota; por lo tanto, usted dispensará que antes de consentir el noviazgo haga algunas indagaciones. -Las que usted quiera, señora- le decimos complacientes. La mamá, entonces, pregunta, averigua, olfatea, y cuando el pretendiente vuelve por la contestación, le dice en tono agrio: -Los informes que he adquirido de usted son muy deficientes. ¡No vuelva usted á mirar á mi hija! -i Pero, doña Acacia! -exclama el galán. -Yo deseo casarme con su hija de usted. Soy honrado. Mi posición es sumamente desahogada... ¡Pero es muy vulgar! ¿Vulgar? Soy ingeniero de montes. ¡Que es una carrera bastante cerril, señor mío -Gano cuatro mil duros anuales; vivo en casa propia; respeto á las suegras... Que no y que no! No se moleste usted; ¡no me conviene! Al ingeniero se le saltan las lágrimas de sentimiento; suplica inútilmente y se va sin conseguir nada, maldiciendo su sino y pensando en el suicidio ó en meterse á fraile cartujo para enterrar su amor en un claustro. A los pocos días, tiene la niña de doña Acacia un nuevo pretendiente que, como el anterior, sufre el interrogatorio de rúbrica. ¿En qué se ocupa usted? -le pregunta la mamá. -Soy corredor- -contesta el joven. ¿Corredor? ¡No necesito saber más! Esta noche iuede usted hablar con Olegaria por el ventano de la scalera. Al día siguiente invitan al novio á que entre en la ala y, después de infinidad de cumplidos, lo sientan 1 el sofá y le preguntan, sonrientes: ¿Y ha corrido usted mucho hoy? -Regular, señora. ¿A qué Club pertenece usted? -A ninguno. Soy vocal del Colegio de Corredores. ¿Y por qué no viene usted á vernos montado en bicicleta? -Porque no soy ciclista. -i Pero no dice usted que es corredor? -Sí, señora; corredor de comercio. La mamá se indigna y protesta del engaño; el io en se ofende y el noviazgo concluye en aquel momento, después de una bronca monumental. Desde entonces, doña Acacia, escarmentada y precavida, cuando algún chico solicita permiso para hablar con su hija, le dice, sin ninguna clase de rodeos; -Antes de otorgarle mi autorización, necesito, joven, que me enseñe usted tres cosas: la bicicleta, el Dibujas de e; ína Ver u recibo de estar suscripto á una revista de sport y el cardenal de su último batacazo... En resumen, que dedicarse al ciclismo constituye el mejor título para los que ambicionen renombre, gloria y triunfos amorosos. Pongamos en nuestra tarjeta de visita Fulano de Tal, literato y todas las puertas permanecerán cerradas ante nosotros y las lóvenes casaderas rehusarán nuestro cariño. Borremos la palabra literato é imprimamos en su lugar 1 a de sportsman y seremos admitidos en todas partes y hallaremos un tropel de admiradores. -i Misterios del ciclismo... -como hubiese dicho el célebre Juanito Pedal. MANUEL F E R N A N D F Z MAYO. De nuestro Concursa de cuentes. Lema: V tengc una bicicleta