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Momento de partir el autou óTll que conducía, herido en gravísimo estado, al presidente del Consejo, M. Monis. pr 1 entusiasmo que h a b í a por el raid ParísMadrid s e trocó en duelo por un a c c i d e nte que tuvo fatales consecuencias. A orimera hora de la madrugada comenzó á llegar numeroso públi co al aeródromo de Issy- les- Moulineaux, ex t e nsión d e terreno capaz para contener c e r c a de un millón de espectadores. A l a s cuatro de la mañana com e r i z a r o n los prepa r a t i v o s c r e c i e ndo por momentos la expectación y aglora e r á n d ose e 1 gentío d e centra. d a generaí para ver más de. cerca, hastaxgue uno d e l o s i allados cedió y. la multitud s e precipitó en la pista. Tuvo que despejar u n escua- Traslado del cadáver del ministro de la Guerra, M. Berteaux. drón d e coraceros, y conseguido esto, á las cinco y diez s a l i ó el primer aviad o r, Beaumont, t r a s del cual partieron Garros y Gibert. N i F r e y ni Garnier, ni Nissol pudieron hacer la salida bien, y tocó el turno á Train. Se elevó á unos o c h o metros, y temiendo que el aparato alcanzase á 1 o s coraceros, torció súbitament e 1 a dirección aterrizó de golpe y fué á caer sobre un grupo de unas veinte personas, entre 1 a s q u e estaban e 1 p r e s i d ente del Consejo, M. Monis, y el ministro de la G u e r r a, M. Berteaux. La Prensa diaria ha dado cuenta de la muerte de éste y de las heridas del presidente.