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mmi En memn PAGINAS FEMENINAS CRÓNICA DE PARÍS MlÉiíCOLES 2 4 DE M YO tenga fanal, el gato duerma sobre un almohadón y que los balcones se abran muy poco. CoNDEs. D ARMONVILLE. OMO prometí á mis amables lectoras en la última crónica, hoy voy á describir las toilettes recientemente creadas para las carreras de Longchamp. El tiempo espléndido favoreció la exhibición de novedades. El conjunto de algunos modelos me pareció de mediano gusto, pero las notas discordantes quedaban ahogadas por la armonía del aspecto general. Como siempre, el tailleur chic conserva su primer puesto. L a s carreras son un sport, y una sportszuoman no estará nunca mal arreglada luciendo en el hipódromo bonito tailleur de irreprochable corte. Debo hacer notar, sin embargo, que cuando el tiempo está seguro y realmente es hermoso, dominan los vestidos de seda hechos por modista y cubiertos con amplio gabán hechm- a de sastre. Ya he hablado de los tissus dnnble- face. Cuando hicieron su aparición, los que más gustaron al público fueron los de un solo color por un lado y pékinés por el otro. Todavía siguen teniendo éxito; pero como se ven tantos, los fabricantes han pensado, con mucho acierto, cjue las señoras se cansarán pronto de las rayas paralelas, y han lanzado las mismas telas de dos caras, con cuadros por una de ellas, combinación muy bien recibida hasta ahora. Como adorno, siguen impe 1 ando los contrastes violentos: con negro y azul marino, el tono rubí en toda su escala; con los grises, el vieux rose. Las telas tornasoladas, aunque sin ostentar el título de nuevas, tienen muchos adictos, á Cjuiencs esa misma gracia vieillotte parece de un cliic extraordinario. P a r a vestidos d aprés- midi, los voilages están siempre en primera línea; pero se hacen más bien en marqnisette que en muselina ó gasa de seda. E s muy útil la túnica independiente del vestido, porque con varios visos puede darse al mismo traje distintos aspectos. Detrás de los étamines ha venido otro género más gordo, de color crudo, r p c se borda, como el cañamazo, á punto cruzado. N o sé cuál será la suerte que el destino reserve al mencionado m o delo; si mi opinión tuviese algún valor, le hubiera rechazado sin vacilar, porque al verle vinieron en tropel á mi memoria los tapetes, franjas de cortinas y butacas que adorn n algunas casas en las cuales es indispensable que el reloj O CON LA M A L E T A EN LA M A N O esde hace algunos años se ha generalizado tanto la afición á viajar, que casi podría decirse que se ha convertido en manía. Yo creo que todas las cosas tienen su por qué y que nada sucede sin una causa que lo motive. La facilidad y extraordinarias comodidades con que hoy se viaja han contribuido, indudablemente, á desarrollar esta fiebre de movimiento que nos domina; y no podemos negar, auncjue los señores mayores opinen en contra, que tiene muchos encantos. Hay una época en el año, marcada por la costumbre, en la cual es preciso marcharse de Madrid, después de sufrir los indispensabhs preparativos para recoger la casa, enfundar lo que no se guarda, enviar á sitio seguro las cosas de valor y, por último, hacer un equipaje monumental. Todo esto basta para despojar al más deseado viaje de sus mayores encantos. La mujer moderna debe aprender á prescindir de necesidades inútiles que la impidan tomar el tren ó el automóvil sin previa meditación. Es tan bonito hablar, á la ho: a de almorzar, de un monumento artístico ó de un sitio pintoresco, y que el padre, marido ó hermano diga: El tren sale á las dos; tenemos hora y media para prepararnos. Quieres que vayamos á pasar allí un par de días? Hace cincuenta años nadie se hubiese atrevido á formular semejante deseo, y pobre del que hubiera dicho algo en ese sentido. Irremediablemente, el calificativo de loco hubiera pesado toda la vida sobre sus actos. Hoy se piensa de muy distinta manera. La mujer no debe ser una dificultad que se interponga para la realización de esas excursiones impremeditadas, llenas de indescriptible atractivo. Gujf de Maupassant se expresa de este modo para justificar su deseo de interrumpir la monotonía de la vida con frecuentes viajes: El viaje es una especie de puerta por la cual se sale de la realidad conocida para penetrar en la realidad inexplorada, que semeja un sueño. i La estación! ¡El puerto! Un tren que silba, el humo de la locomotora que se precipita en el espacio; un gran vapor que lentamente surca el mar para per 1 derse en el horizonte, en busca de países ignorados I ¿Quién puede ver esto sin estremecerse de envidia, sin sentir despertar en su alma el deseo vehemente de viajar? No es posible dudar de la influencia benéf ca, en el orden moral y material, de los viajes. Contemplando la obra de la creación, se kvanta e