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W TÍ, j j aun tuertos, sino por ei tiempo que se invierte en su curación. El injerto de ojos de animales en la cavidad que queda después de extraído el ojo humano, es, hace más de un siglo, práctica usual y corriente, tan feliz en sus resultados que ya no se estudia la ceguera sino como signo lamentable de tiempos bárbaros que pasaron para nunca volver. La humanidad, en su ascensión hacia las regiones donde fulgura la luz inmaterial de la inteligencia, no admite que pueda haber en su seno seres privados de la luz material. Pero justo es decir que en el año 2143 nada de esto, aun reunido y presentado en condiciones excepcionales, hubiera llamado la atención de las gentes: tan corriente era ya por entonces llevar brazos y piernas cortados de cadáveres, ojos de diferentes mamíferos, estómagos y pulmones de diversas especies de animales. En realidad, un individuo atacado en aquella época por enfermedad incurable en cualquiera de sus órganos, lo cambiaba por otro en buen estado y así quedaba curado radicalmente. Sólo el cerebro, órgano que rige las funciones de los demás, se había considerado como insubstituible. Con él va la conciencia humana y con él se pierde la esencia misteriosa de la vida cuando cesa de funcionar. Pues bien; lo que tanto excitaba el interés y la curiosidad de las gentes que acudían al bazar de la calle 102, era precisamente el anuncio esparcido por toda la extensión del planeta, relativo á injertos y trasplantaciones cerebrales, por novísimos procedimientos, con patente. Y más aún que, en circunstancias favorables, se harían trasplantaciones de cabezas completas, injertando en el cuello de un cuerpo decapitado una cabeza humana, viva y con toda la pujanza y brío propios de la facultad cerebral. El prodigioso descubrimiento produjo una verdadera revolución en los espíritus. ¿Quién no imagina, en efecto, que por simple trueque de cabezas podría acomodarse en un cuerpo de atleta un cerebro de pensador? ¿Y quién no se asombra ante las consecuencias posibles de semejante cambio, que acumularía en un solo individuo la excelsitud de la mentalidad y la plenitud de la fuerza? Hombres de raza diferentes, con las cabezas trocadas, serían seres deformes en su aspecto físico y extraños en su condición mental al sacudir sus músculos y visceras oleadas de fuerza vital procedentes de una masa cerebral ajena. Cerebros habituados á regir cuerpos hercúleos, mal podrían hallarse rigiendo débiles organismos masas encefálicas nacidas en cuerpos ruines difícilmente se acomodarían á gobernar la musculatura de un atleta. Y, por último, si una cabeza de varón se acomodara en un cuerpo femenino, ó viceversa, j quién puede imaginar las sensaciones inverosímiles del nuevo ser ni las impulsiones que habrían de guiarle en las naturales relaciones de los dos sexos? Por fortuna, los Consejos de Gobierno de las confederaciones internacionales, por unánime acuerdo, adoptado en sesión telefónica, resolvieron prohibir en absoluto la práctica del trueque de cabezas humanas, salvo en casos excepcionales y mediante expresa autorización de los mismos Consejos. Gracias á tan sabia y prudente resolución, se ha evitado la degeneración de la Humanidad y ésta sigue su marcha ascensional hacia las cimas donde vislumbra los eternos faros de la Virtud y del Bien. Dibujos de Regidor. AGUSTÍN A L F A R O De i uestro Concurso. jLemn; il umen