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i jíaííí: sí f I S S l LA VIDA E N LOS T I E M P O S F U T U R O S ÜN DESCUBRIMIENTO SENSACIONAL A casa número 627 de la calle 102, Avenida 15 (Este) de Cosmópolis, era en los comienzos del año 2143 objeto de curiosidad general y allí acudían los curiosos como moscas á pastel azucarado; unos, llovidos del cielo, en elegantes aeromóviles; otros, rastreando la tierra en automóviles ligerísimos con motor de materia radio- activa; y muchos más, empleando el primitivo sistema de locomoción pedestre, que usaron los antecesores del hombre, en remotísimas edades, y usarán seguramente los super- hombres de los tiempos futuros. Los reportcrs de las cinco grandes federaciones nternacionales (Europa, Asia, África, América y Qceanía) acudían también en número fabuloso y telefoneaban directamente á sus lectores, á través del espacio, interesantes relaciones de lo que aquella casa ofrecía á la insaciable curiosidad de las gentes; casi todos los médicos del mundo escuchaban ansiosos las voces de la Prensa, transmitidas por las ondas hertziíinas á sus gabinetes de estudio. Y el caso no era para menos. Lo que en aquella casa se había establecido era un inmenso bazar médico- quirúrgico, montado con todos los adelantos de a ciencia y provisto de cuanto la industria, por en: onces, ofrecía al arte de curar. Esta clase de estaolecimientos no escaseaba en aquella época, aunque pocos había tan completos como el de la calle 102; oero lo que en éste excitaba la admiración general era la instalación completísima de injertos humanos, dirigida por especialistas é inventores que habían llegado á perfeccionar la técnica operatoria hasta obtener resultados verdaderamente estupendos. La historia de los injertos humanos se remonta á los comienzos del siglo xx. ¿Quién ignora que allá jor el año 1910 lograron Carrel en los animales y Lexer, Kausch y Codman en el hombre injertar unos en otros diferentes vasos sanguíneos (arterías y venas) y aun transportar con estos vasos los órganos á que se adhieren? Primero los ríñones y mucho después otros órganos, todos los que integran el tronco y las extremidades, fueron siendo objeto de hábiles injertos y trasplantaciones. Claro es que, al principio, los anímales operados morían á los pocos días de efectuada la operación; pero esto no era, ciertamente, culpa del operador ni del procedimiento, sino del animal mismo, que no sabía sobreponerse á las mo. estias é incomodidades propias de la operación ni Tianejar los órganos postizos como si fueran propios. Con el tiempo y el estudio se fué perfeccionando la nueva práctica operatoria; y cuando ya los animales levaban sin aparente fatiga patas ajenas, colas extrañas y estómagos que tuvieron otro dueño, se aplicó el procedimiento, sin limitaciones, á la especie humana, obteniéndose asombrosos resultados. Las piernas y los brazos artificíales, productos ingeniosos de la antigua ortopedia, pueden verse actualmente en los museos como curiosidades de tiempos pasados; pero ya no tienen más valor que el de su relativa antigüedad. En cuanto á los ojos de cristal con que suplían nuestros antepasados la lamentable ausencia de los suyos propios, aún parecen en nuestros tiempos objetos de más discutible utilidad. Desde los comienzos del siglo xxi no hay ciegos, ni -f í í 1 -í a