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CADA COSA POR SU TIEMPO Cinco meses no tenía Donato Soler, y ya decía papá, mamá, tata, pupa, abuelo y tía Cuando don Opropio oía alguna gracia del nene, decía á su espesa, Irene, con paternal emoción: Hace cosas que no son propias de la edad que tiene. tendría seis primaveras el demonio del chiquillo, cuando sabía al dedillo los ríos y cordilleras de las naciones iberas; multiplicaba hasta siete, y hablaba del Guadalete á su padre, don Opropio, que pensaba: Esto no es propio de la edad del mozalbete. Fué cosa tan singular cuando por primera vez, á los nueve años ó diez, fué Donato á comulgar, su modo serio de hablar de este valle de amargura y de la eterna ventura que aguarda al que es buen creyente, que era impropia ciertamente de tan tierna criatura. Con matrículas de honor se doctoró de abogado, sin que aún hubiera pasado los martirios del amor. Formal como buen doctor, jamás al café asistía, ni un solo amigc tenía por su austera seriedad, que era impropia de su edad, como su padre decía. liuéríano, solo y soltero, L) onato á los treinta Abriles sintió impulsos varoniles como cualquier caballero. A esa edad, su amor primero fué el de una honesta mujer; seis años la hizo perder y la dejó de repente, cosa impropia ciertamente de los años de Soler. De cuarenta en adelante tendría nuestro individuo cuando, por fin, se hizo asiduo de un café... pero cantante. Ocasionando un constante asombro en propios y extraños, con muchísimos redaños amó á una artista ideal, caderosa y pectoral, cosa impropia de sus años. Su aniversario cincuenta (nadie habrá que lo imagine) lo celebró yendo á un cine de los de sal y pimienta. Con la voz cascada y lenta gritaba venga farruca y una cupletista cuca, que explotaba al buen señor, decía: Finge un vigor impropio de su peluca. Tendría sesenta y tres cuando tomó su patrona una criada muy mona, de doce cincuenta al mes. Sintió por ella interés, la llevó á la Vicaría sin pensar bien lo que hacía, y quedó al yugo sujeto, i Cosa impropia por completo de los años que tenía! Frisaba en setenta y dos el pobrecillo Donato cuando, dfspués de un mal rato, entregaba su alm á Dios. Del carro fúnebre en. pos, personas de su amistad decían que era en verdad digna de envidia su suerte, pues, i al fin! era la muerte cosa propia de su edad. RAMIRO M E R I N O De nuestro Concurso, Lema: I,o s huy con m a l a p a u