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Mientras tanto, ignorante de su ilustre alcurnia, creció entre los leñadores que le prohijaron el príncipe Venturoso, ganando el duro pan de que se sustentaba con el esfuerzo de sus brazos. Era ya valiente y audaz como su padre, bondadoso y dulce como su madre, y se hacía amar de cuantos le trataban. La rudeza de su educación no consiguió anublar en él la majestad de su origen, y era humilde sin bajeza y fuerte sin arrogancia. Vivía ajeno á la ambición, libre de envidias y, para decirlo todo, feliz. No fué esto lo que la Caprichosa se propuso al arrebatar al Venturoso del palacio de sus padres; quería que, lo mismo que ellos, fuese desgraciado el príncipe, y, para ahuyentar por siei ire la paz de su espíritu, no vio medio mejor que revelarle su noble origen. Y Una mañana, cuando el joven estaba en el bosque trabajando, se presentó á él bajo la forma de una viejecita. haíapienta. Le dijo que se había extraviado en el bosque y que estaba desfallecida de hambre; ofrecióse compadecido el mozo á acompañarla hasta la choza de los que creía sus padres y, mientfas caminaban, el hada vengativa hizo saber al Venturoso cuanto éste ignoraba, todo menos el nombre délos reyes que lloraban en la soledad de su palacio al hijo qUe creían por siempre perdido; luego desapareció. Sus padres adoptivos, á los qUe refirió lo ocurrido, sólo supieron decif le que una mañana le hallaron desnudo á la puerta de su choza, y que, en efecto, no era su hijo, aunque como á tal le querían. Sólo en parte logró la Caprichosa sus malos deseos. La revelación levantó una tempestad en el alma del príncipe. No pudo el hada rencorosa arrebatarle su innata bondad ni despertar en él la ambición; pero le robó la paz del espíritu y encendió en él un violento deseo: hallar á sus padres, volverles la perdida alegría, anular la venganza del hada cruel... Para poder realizarlo se fué en busca de lo desconocido... Caminó desorientado muchos días el Venturoso. Nadie había oído hablar de aquellos reyes que lloraban á un hijo perdido; que la Caprichosa cuidó de llevar á su víctima allá adonde no llegaran el poder ni la fama del Invencible. Tras mucho caminar buscando siempre aquello que no hallaba, cierto día encontró el Venturoso á una linda zagala, que oyó ruborosa la historia que el mozo le contó. No sabía ella nada de los padres desdichados; no tenía idea del sitio del mundo en donde pudiera estar su reino... pero tuvo lástima del pobre peregrino, que caminaba siempre solo buscando lo que acaso nunca había de encontrar... y la linda zagala, conmovida, pensó en consolarle con una mentira piadosa... Continuará. -162- C H I Q U I T Í N PERO. CONTINUACIÓN 7. Cuando echó la última muela le llevaron á la escuela. 8. Si no sabe la lección se esconde tras él catón. 9. Y hace más de unr, diablura valido de su estatura. 10. Era audaz y pendenciero; en camorras, el prunero. T 1 II. -Pero en un peligro al verse pronto sabía esconderse. -167- 12. Y quedaba el enemigo para sufrir el castigo. Continuará.