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NOTAS TAURINAS Habían presenciado la prueba de caballos varios individuos del pueblo, entre los que se encontraba un mozarrón que á 16 sumO Contaría veinticinco años, quien esgrimía una gruesa y flexible vara de fresno, con la q u e había jugueteado mientras se aprobaban y desechaban acémilas. Disimuladamente, y en actitud humilde al parecer, se acercó este mozo al picador viejo que había elegido el caballo antes citado. -Ése caballo castaño que ha elegido usted, es mío, y como se lo deje usted matar. Acompañó la acción á la palabra, y dejó cimbrear él fresno tan expresrvamente que no dejaba lugar á dudas, Si es de usted el caballo- -repusp el picador, ¿por qué está aquí, con los caballos de picar? -Porqué lo ha vendió tai padre; pero ha r ííáo: d cabailo quince años en casa, y como lo dejen matar en la plaza, le aseguro que el que lo monte se va á acordar nlientras. El piquero, g r a n conocedor del mundo, vio que el muchacho hablaba con decisión, y aunque no olvidaba las hechuras del caballo, tampoco podía olvidar la hermosa vara de fresno que poseía su antiguo dueño. Al hacer el paseó las cuadrillas, se fijó en un detalle impoxtantísimo, y fué que el de la vara y otros cinco compañeros, con otros tantos argumentos tan flexibles y convincentes, habían tomaao sitio en el tendido y junto á la puerta por donde habían de entrar y salir los picadores. Aquello le bastó para adoptar uña resolución casi heroica, vista por el lado de echarse fuera. El primer toro qué á él le correspondía picar era el segundo; se hizO él sueco, montó en otro de los caballos elegidos y salió á la plaza comti si se le hubiera olvidado que tan hernioso caballo tenía á su disposición. Cuando llegó la hora d picar al tercero entró al patio uno de los picadores á la carrera, buscando caballo, pues le acababan de matar el que había sacado. ¿Es tuyo éste, Antonio? -le dijo refiriéndose al castaño. Sí; pero es igual; anda, móntale tú, que piden caballos, y te van á abroncar si tardas. Allá fué el- homibre ufano y Orgulloso, como si montara preciosa jaca jerezana. ¡Caballos! ¡Caballos! gritaba la multitud enardecida. ¡Vaya usted al toro! ¡Morral! Todo esto lo decían como se dicen esas cosas en una plaza de pueblo á la hora en que á las botas se las ha dado los tientos de ordenanza. ¡Mi caballo! gritó el de la vara. -Si lo matas la vas á llevar buena. El engañado picador fué al toro, y éste, que soló había tomado dos varas, en las que no le habían hecho daño, se arrancó con íiiipetu, y en menos- qué se dice, el corcel quedó hecho trizas. Azuzado por las palmas el zarandeado piquero, echó a correr en busca de otro jaco con la velocidad que le permitía el porrazo que acababa de sufrir, y al pasar por la puerta, sobre sus maltfeehás espaldas descargaron seis varas de fresno tres ó cuatro veces, sin que pudiera explicarse, pues además le obsequiaban con los piropos de ¡ladrón! ¡granuja! E l q u e había etidosado el obsequio lé dijo al verle entrar en las cuadras déscorupuéstb: ¿Que te pásá, hombre? -Na, que hay ahí unos zarvajes que dan ca palo que mondan. -Hay que á w rí- -replicó el aludido. No Sargas tú. Y montó un caballo tordillo, matalón, saliendo á lá plaza satisfecho de que las varas de fresno habían cumplido ía misión que les estaba encomendada. Ausente de Madrid P. P. Chanela, los lectores tendrán que dispensar si no leen por ahora sus escritos. ÁLBUM BIOGRÁFICO ANDRÉS CASTAÑO (CIÚARRÓÑ) A un no era viejo cuando murió este picador y aunque puede hablarse de él con elogio, no había dado de sí todo lo qtie de sus condiciones de inteligencia y voluntad podía esperarse: Está demostrado que no era una nulidad con soló señalar el hecho de haber picado en la, plaza de Madrid; y en todas las importantes de España, alternando con gfM; VíW, Zurito, Badila, Molina, Alvarez, Largo, Cha no. Sastre y todos los que eran gente en el primer tercio de la lidia por los años en que él practicó. No vamos á decir que hiciera prorrumpir á las masas en exageradas y entusiastas demostraciones de satisfacción por sus grandiosos hechos; pero no se le pueden señalar tumbó- nerías ni falta de afición, puesi que trabajó siempre con voluntad, inteligencia y valor, condiciones que le hacían formar dignamente en el cuadro de los buenos con que tenía que trabajar. En la cuadrilla de Emilio Torres (Bombita) fué, más que el voluntario subordinado, el amigo entrañable, el individuo de verdadera confianza que quería á su jefe con respeto de hijo y cariño de hermano, en el que el espada podía confiar ciegamente. TJnido a él por lazos de familia y afectos puros, trabajaba con el natural entusiasmo que trabaja el que profesa veneración á su jefe, y sufi- íá tanto con los fracasos de éste cómo disfrutaba con los éxitos. Así es que, más que Un individuo retribuido para trabajar en la cuadrilla, fué un auxiliar inco. ndicrona: l, dispuesto á todo y propició en cualquier momento á procurar glorias á su matador, como en lenguaje familiar dicen banderilleros y picadores al hablar del espada con quien trabajan. Fué Cigarrón una víctima del toreo que desapareció mucho antes de ser viejo- y cuando aún podía haber toreado algunos años, á consecuencia de una desgracia de tantas inevitables que borran de la lista de diestros en activo á hombres en pleno período de vigor y actividad. Era natural de Jerez de la Frontera (Cádiz) j en cuya importante población nació el día 2 de Diciembre de 1863. Le dio por el toreo, como á tantos otros, y eligió, al servir en el ejér- cito taurino, el cuerpo montado, conociendo sin duda que era para lo que mayores aptitudes tenía. Comenzó su nombre á conocerse cuando aparecieron los Niños Sevillanos désp ués que el joven Andrés había corrido algo por esos mundos, en la lucha por darse á conocer y so- OTRO LIBRO TAURINO p l d i s t i n g u i d o periodista, compañe rp nuestro, que firma sus escritos taurinos con él seudónimo de Marcelo, ha, publicado un nuevo libro taurino con el título Lfiw competencias. Se trata en el nuevo volumen de e s a s pretendidas Competencias que amigos exageiádos de unos y otros quieren establecer entre las parejas Bombita- Gáílitó y Machaquito- Vicente Pastor. Está el libro bien escrito y revela su autor gfan entusiasmo por la fiesta taurina y compéterícia para tratar de ella. En esta época dé acaloradas discusiones y de más afición á toreros que á toros, ha sido de gran oportunidad la publicación de Las competentías, pues que ha de leerlas con fruición la rhitád, lo menos, de los que hablan en contra ó en favor del torero éste ó del matador aquél. Tiene el libro caricias y arañazos, como corresponde á esta clase de crítica, y es una demostración más de que la fiesta de toros no existiría si no hubiera pasión en los elementos que la sostienen. Es una obra en la que el autor ha puesto su corazón y ha expresado tal cual siente lo que opina respecto á los cuatro ases de la baraja taurina. Se leerá mucho y se discutirá el libro Las compeíéncias, que es lo que deseamos al autor.