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do de una incurable lesión en la pierna derecha, que desde entonces quedóse rigida, tetanizada, siendo causa de la gloriosa cojera que aflige á nuestro héroe, cojera que él denomina byroniana, no obstante ser u n poquitín más exagerada, más elástica, más impulsiva y menos disimulable que la del héroe- -el otro héroe- -de Missolonghi. Yo quiero contribuir, en la escasa medida de mis recursos literarios, á que se conozcan y difundan por todo el ámbito de la patria las circunstancias en que se verificó el hecho portentoso que se trata ahora de conmemorar en Villamandeo de los Condes á los veinticuatro años de haber ocurrido, siendo de notar la singular previsión y delicadeza de mis paisanos, que no han querido aguardar á que se cumplan los veinticinco años del suceso para que n o se califique de bndas de plata la efemérides que recuerda el fugaz contacto del ínclito Casiano Méndez con la atmósfera, ya que de la unión malograda de aquel heroísmo con la hostil é ingrata N a t u r a no quedó más que el amargo y patente trofeo de una pierna tiesa, paralizada de e m o c i ó n sobrehumana... Villamandeo de los Condes celebra sus fiestas votivas y patronales á mediados de Agosto, venerando la memoria del milagroso peregrino de Montpellicr, San Roque, abogado contra la peste. Son fiestas que gozan de gran renombre en toda la región por lo típicas, alegres y vistosas. De tiempo inmemorial, el programa viene siendo el m i s m o D í a 14. -A las doce en punto de la tarde, un repique general de campanas, multitud de bombas reales y profusión de voladores anunciarán al púbKco el principio de los festejos. L a banda municipal, dirigida por el intehgente p r o fesor D. Martín Valdoneel, recorrerá las calles de la población ejecutando variadas piezas de su abundante repertorio. De esta guisa sigue el programa enumerando los diversos festejos que se celebran durante los días 15, 16 y 17, terminando invariablemente con la indispensable nota coreográfica: L a s Sociedades de recreo Liceo Circo y Tertulia Recreativa darán esta noche suntuosos bailes en sus elegantes y arist (x: ráticos salones. Como se ve, en Villamandeo de los Condes no escatiman ni desdeñan el adjetivo. Es consubstancial y típico, tanto como sus fiestas y holgorios incomparables, y perdóneseme el cleuasmo en que, por razón de oriundez, incido, Pero ac uel año, verdaderamente de gracia, hubo una novedad, no en el programa, inconmovible é inmutable á través de las generaciones, pero si en la brillante serie de los consabidos festejos. Tratábase nada menos que del ensayo público al aire libre, coram populo, de un aparato volador- -aún no había llegado á decirse aviador, y así está aviado el idioma- -inventado por Casiano Méndez, el simpático é inteligente villamandense á cuyo cargo soKan correr todos los espectáculos aéreos en tiempo de fiestas. E r a Casiave habilísimo confeccionador y, sobre todo, echador de globos, porque no escaso arte y habilidad requiere hinchar el gigante Montgolfier del día de San Roque, de 30 metros de altura, ilustrado con caricaturas alusivas por un dibujante indígena; sacarle él solo al medio de la plaza y, calculando el punto exacto de inflación, en el preciso instante en que el globo se halla dispuesto á subir y per derse en las nubes, hacerle girar rápidamente p a r a adquirir el necesario impulso ascensional, dejarle en libertad y... ¡tachín! ¡tachín! ¡tachín! ¡tarachin! ¡tarachin! ¡t a r a c h í n dispararse la banda con un pasodoble de circunstancias y romper el público en aplausos y vítores al globo libre, feliz é independiente, y á Casiano, su echador, mientras el aeróstato sube majestuoso, iluminando el firraamento con las encendidas bengalas de la barquilla fulgurante y pirobalística. Aconteció que en una de las veces que Casiano ofició de echador, indiscutible é insuperable, del g l o b o g r a n d e descuidóse un poco, durmiéndose en la suerte, y, arrastrado por el globo, salió haciendo piruetas por los aires. P a r a bien fué C ue, desprendiéndose á tiempo, su vuelo no llegó á exceder de un par de metros sobre la superficie de la t i e r r a pero esta vulgar experiencia hizo, sin duda, germinar en el fecundo cerebro de Casiano la idea feliz de construir una máquina voladora, con la que pudiera cruzar el espacio y elevarse sobre el nivel físico é intelectual de sus conciudadanos. Con tanto afán como sigilo dedicóse durante largos meses al estudio y construcción de su aparato. Presintiendo la moderna lucha entre lo más ligero y lo más pesado que el aire, dio preferencia á esta última solución, y, sin saberlo y sin haber leído á Ovidio ni enterádose por él de la ingeniosa manera cómo Dédalo fab -o las alas con que sahó volando del laberintr, de Creta, imitó tan perfectamente el mitológico aparato, que hasta le puso, á falta de plumas de cisnes é ibis, todas cuantas pudo arrancar á las gallinas de su corral. Si Casiano hubiera alcanzado el grado de cultura de algunos de sus compatriotas, singularmente el alcalde, que en la tertulia de la botica suele exhibir su portentosa erudición después de haber empollado por varias horas sendas páginas del Diccionario Enciclopédico en la biblioteca de 2i Tertulia Recreativa, hubiera catalogado el aparato de su invención entre los ortópteros, de alas batientes, accionadas con pies y manos, siendo el motor el propio Casiano, convertido verdaderamente en Casi- ave. Después de algunos tímidos ensayos en la huerta del abandonado y ruinoso convento de Santo Domingo, con éxito que la historia no ha logrado conocer, decidióse Casiano á asombrar á sus compatriotas ensayando su máquina voladora el propio día de San Roque, patrón de la ciudad. P a r a ello púsose de acuerdo con el susodicho alcalde, que era, no sólo la primera autoridad administrativa, sino también literaria y financiera de la población, por haber residido dos años en Madrid, haber sido amigo de Becerra y colaborado en la Revista Agrícola y Pecuaria de la provincia de Albacete, y se convino en cjue las experiencias se verificarían ante un público invitado al efecto, rehusando modestamente el inventor los honores de la publicidad. Llegado el momento psicológico, toda Villamandeo de los Condes, abandonando las cucañas y demás diversiones populares del día de San Roque, encaminóse en la tarde de aquel día memorable al Campo de las Higueras, célebre ya en los fastos de la historia por la descomunal batalla que en tiempos de Mauregato hubo de trabarse allí entre moros y cristianos por causa del famoso tributo de las cien doncellas, y doblemente inmor-