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el Invencible porque no hubo guerra- -de las muchas en que. tomó parte- -en la que no alcanzase la victoria. Reyes y príncipes poderosos siguieron á pie y descalzos á su carro triunfal, y el trono del Invencible se asentó sobre las ruinas de cien tronos, que cayeron á los filos de su espada vencedora, porque es tan antiguo como el mundo el hecho de que los bienes de los fuertes se levanten sobre los bienes perdidos por los débiles. El hada Caprichosa, un hada bellísima que acostumbraba imponer á cuantos quería su despótica voluntad, enamoróse perdidamente del Invencible; pero éste amaba tiernamente á su esposa, la dulce Aurora, y los asaltos que dio el hada á la fidelidad del Invencible fueron inútiles. No he de deciros que la desdeñada Caprichosa, cuando se convenció de su triste derrota, comenzó á idear terribles venganzas contra la inocente Aurora, pues ya en aquellos tiempos eran la amarga envidia y la ira impotente las pasiones que engendraban las más crueles venganzas. Discurriendo, pues, el hada, aconsejada por sus malas pasiones, dio con el medio de llevar para siempre el luto al feliz hogar de su desdeñoso amado. Tenían el Invencible y Aurora un hijo, que era, como suelen Serlo los hijos únicos de las parejas amatites, todo su encanto y toda su alegría. Llamaron á este príncipe el Venturoso, y, desde la cuna, cuanto le aconteció parecía confirmar el nombre que le impusieron al nacer el amor de sus padres y la esperanza de su pueblo. Bien claro vio el hada que el mal que hacer pudiera al príncipe Venturoso lo recibirían aumentado los corazones del Invencible y sU esposa, y así determinó llevarse, con el niño biejl amado, la alegría del palacio de los reyes y condenai- al príncipe á una existencia azarosa y obscura, sin quitarle la vida, que esto hubiera sido redimirle de la tiranía del dolor, y no sé daba con ello por satisfecha la rencorosa hada. Tal como lo pensó lo hizo. El niño se durmió una noche entre blondas y plumas en el palacio de sus padres y vino á despertar, desnudo y tembloroso, en la puerta de la cabana de unos leñadores, que, compadecidos de su belleza y su miseria, le recogieron. Vio al parecer cumplida su venganza la Caprichosa. El rey Invencible y la reina Aurora derrocharon tesoros por encontrar á su hijo: ofrecieron premios fabulosos á quienquiera que les diese el más leve indicio del paradero del niño; pero nada consiguieron. Diéronlo por muerto, y por muerto le lloraron. Desde entonces, en su palacio sólo reinó el dolor, sólo sé rindió culto á la memoria del hijo perdido. -154- P E R O ¡t 1,11 ÍJ- I El nene nació en Belchite clel tamaño de un confite. 2. Le tuvieron que fajar en un papel de fumar. 3 3- Un cuentagotas... ¡Chitón! fué su mejor biberón. 4. Tuvo su cuna ¡esto es nuevo! en un cas. carón de huevo. 5. Se soltó á andar muy temprano en la palma de la mano. 6. Caballo bueno y bonito fué para el nene el gatito. Continuará. -159