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P T J Pensaréis, señora mfa, que estoy lleno de dolor y que hombre, como yo, triste nunca lo mirara ei sol; que, pálidas mis mejillas y tartamuda mi voz, y estrangulado mi aliento, y quebradizo ei color, ando por calles y plazas, á manera de pregón, á estribor deshecho en llanto y en suspiros á babor, diciendo: ¡Miren, señores, cómo ha permitido Dios que me pararan muriente desventuras del amor... Por mi fe que erráis, señora si tal es vuestra opinión. Calabazas me mandasteis y me han hecho buena pru, pues, si con vos me casara, me dierais calabazón. Por si prenden fingimientos, ocultaros podéis vos desde los pies á la cholla embelecos y ficción. Dícemc quien con mentiras nunca el labio profanó que encarecéis en caderas y en pechos el algodón; que en achaque de pintura dais ciento y raya á Vatteau; que son arcos vuestras cejas hechos de corcho y carbón; que, por tener las mejillas tan fingido su arrebol, no se corren de vergüenza y se corren de calor; que no debéis vuestra talla ai padre que os engendró, sino á botas y zapatos, muy ahitos de tacón, y que lo que vos tenéis de más subido valor son los dientes... que os costaron lo que el dentista os llevó. Mirad, pues, señora mía, si fuera puesto en razón que por vuestras calabazas lágrimas vertiera yo... ¡Vertiéralas muy amargas si me tuvierais amor, porque mujer tan compuesta no nació para mí, no... a s! i Esto escribió don Gonzalo contra doña Leonor; pero, pasadas dos horas, con la dama se avistó y, enhiestándose el niostachr. y recogiendo la voz, reiteróle entre sollozos la verdad de su pasión... ¡Treinta mil duros de renta tiene doña Leonor... I JÓSE A. L U E N G O i