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mmí En EKsmn PAGINAS FEMENINAS CRÓNICA DE PARÍS MIÉ COLES 3 DE MAYO I a primavera se presenta fecunda en noveda des, muchas de ellas bonitas y llenas de charme; otras... ¿por qué negarlo? demasiado extravagantes. L a s telas listadas se prestan á toda clase de caprichosas combinaciones, por supuesto, sacrificándolas de tal modo que quedan inútiles para la más insignificante compostura; pero como todo en este mundo tiene compensación, la moda actual también tiene la suya, muy digna de tenerse en cuenta, especialmente las personas de posición modesta. Ahora es muy fácil hacer un vestido de retales y aprovechar varios géneros distintos. H e visto uno de marquisetfe, blanco y negro, que, sin exagerar, podríamos llamarle u n púsole. l uve la paciencia de contar los pedacitos de que se componía y sólo en la falda encontré catorce, y en el gabancito, veintidós. Además, para que la toilette estuviese completa, el sombrero, de paja blanca y negra, también estaba hecho combinando las pleitas en diversos sentidos. Más adelante puede que nos acostumbremos á este barullo de r a y a s pero al principio producen un desvanecimiento que, al menos á mí, me obliga á cerrar los ojos. Los sombreros de tagal, combinados con otra paja brillante, son de un bonito resultado. T a m bién suele substituirse la paja por creppe de soie para forrar el ala. Los sombreros de mañana son extraordinariamente sencillos; los grandes se adornan con dos lazadas puntiagudas de terciopelo negro, y los pequeños, con un lazo de la misma paja. P o r fin, este año han triunfado las flores, uniéndose algunas veces con frutas. E n t r e ramas de almendro, cuya flor blanca es tan delicada, aparece una manzana con sus h o j a s entre u n macizo de grosellas pueden colocarse varios claveles, y las moras armonizan m. uy bien con lilas. Los adornos tienden á ser altísimos, por lo cual se prefieren las flores de tallo largo. O t r a novedad, que creo será bien acogida, son los cuellos invisibles. Casi todos los modelos de las mejores casas son sin cuello; m u y bonito, por cierto, para las que el suj- o propio sea perfecto; pero horrible para las que lo tengan muy delgado ó con esas huellas que el tiempo, implacable, se encarga de imprimir, aun en los mejor modelados. Pues bien, en previsión de estas dificultades, alguien ha ideado unos cuellecitos de tul céfiro, de un rosa muy tenue, a r m a d o sobre ballenas transparentes. Si lo que está encargado de ocultar son pequeñas imperfecciones que no suelen notarse hasta los treinta años, debe hacerse con el tul liso, poniéndole al borde una golita diminut a del mismo tul. E s t o favorece mucho, P e r o si lo que se quiere cubrir es un cuello de- masiado delgado, entonces pueden hacerse j a r e tas de dos milímetros en sentido vertical, sin gola al borde. Esto ensancha y á cierta distancia es imperceptible. Las sombrillas, este año, serán completamente distintas á la toilette, procurando elegir colores rnuy tranchants. Los rojos parecen ser los preferidos, alegando en su favor que la sombra cjue i: royectan favorece mucho más que la del verde, ciue estuvo de moda hace algún tiempo. os puños Imperio son de dimensiones alarmantes; gracias á que se destornillan, será posible viajar con ellos. CONDESA D A R M O N V T L L E QUE BUENA IDEA! I I na archimillonaria de la Quinta Avenida ha te nido la felicísima idea de fundar un nuevo Club, cuyos estatutos tienen por base la obligación de levantarse al amanecer é inmediatamente acudir al sitio indicado de antemano para reunirse, y todas juntas trasladarse á una pintoresca aldea, situada á cinco millas de Nueva York, donde toman su desayuno, compuesto de huevos, pan, manteca y leche. Una vez terminado, quedan en liljertad de hacer cada cual lo que quiera. El Club, denominado Rise carly no exige á sus socias más que la puntual asistencia al punto elegido para desayunarse. Su fundadora afirma que sólo con este método s e ha curado de todos los trastornos nerviosos que padecía y de infinidad de tristezas que el exceso de comodidad trae consigo. La idea me parece admirable, y por experiencia propia sé que no hay nada tan reconfortante como salir al amanecer á respirar el aire puro del campo. No hace muchos días oí decir á una señora que ninguna persona elegante madruga. Es una regla con muchas excepciones; pero las que no saben sulDstraerse á ella son victimas de su propio error y se privan de vivir las horas más hermosas del día. Por la mañana temprano la atmósfera está diáfana, las flores huelen mejor y los pájaros cantan con más alegría. Si fuera posible comparar á dos personas, exactamente iguales en todos sentidos, que una madrugase y otra no, veríamos que la primera, al volver á su casa á las ocho de la mañana ó las nueve, después de haber tomado su desayuno en el campo, estaba alegre y dispuesta á verlo todo bajo un aspecto risueño y apacible, mientras que la segunda, al salir de su cuarto por primera vez al mediodía, estaría perezosa, aburrida, de mal humor y dispuesta á verlo todo por el lado obscuro. Qué bonito y qué beneficioso sería que alguna de nuestras elegantes tomase á su cargo la tarea de implantar una nueva moda. Reemplazar el five o clock tea por el hreakfast, al cual convidasen á sus amigos, eligiendo esa hora para reunirse y obsequiarse en vez de las cinco de la tarde. Nada tan nuevo y original como recibir una tarjetita diciendo: Los lunes, á las siete de la mañana, 2 3 4 5 6 7 3-