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Viejos de tez curtida y encorvado cuerpo; mozos vigorosos qu 5 lleváis en vuestros semblantes y en vuestros cuerpos la fortaleza de la juventud; amorosos padres de avispados rapaces que serán un día el consuelo y orgullo de muestra senectud; tiernos infantes que aúri disfrutáis con los inocentes juegos de la niñez, escuchad mi adivinanza. Soldados valerosos, sencillos labriegos, incansables caminantes, inspirados bardos, piadosos saceraotes, confiados peregrinos, escuchad mi adivinanza y procurad que vuestro ingenio aclare la densa neblina de lo desconocido con que procuro envolverla. Vendrá, vendrá... Todos esperáis con impaciencia su llegada... Quisierais que no se detuviera en su camino... Cada minuto que tarda os parece un siglo... Confiáis todos en ella y en vuestros corazones late la esperanza de que se realice... Nos da alientos en la fatigosa lucha de la vida, nos presta con suelo en las tristezas, es dueña de nuestros pensamientos, reina en los espíritus, vive en las almas, arrulla nuestros sueños, nos hace no desesperar en los momentos de infortunio y por ella soportamos las miserias del presente... Está en la imaginación de todos... ¡Cuánto la queremos... Si una vez la desechamos, desconfiados, vuelve al poco tiempo á nosotros con nuevas formas, deslumhrándonos con sus promesas halagüeñas... Por ella vivimos y sin ella nadie tiene alegría... La bendecimos una y mil veces y lá requerimos con amorosas palabras y con insistencia porfiada. ¿De qué se trata... ¿Cuál es la solución de esta adivinanza pei- egrina. V. ¿Todos sonríen, todos creen haberla resuelto... Los viejos aseguran que es la muerte, que ha de darles el descanso y la paz, eterna; los mozos y las mozas, que es la realización de sus sueños de amor y de ventura; las esposas de esforzados guerreros, nobles paladines ó rústicos aldeanos, que es el nacimiento del vastago tanto tiempo esperado; los niños, que es la posesión del anhelado juguete; los soldados, qu. es la batalla en que demostrarán su heroico valor; los labriegos, que es la cosecha abundante que ha de proporcionarles días de venturoso goce; los poetas, que es la gloria con que sueñan; los sacerdotes, que es él premio ofrecido al alma hmpia de terrenales pecados... Yo les miro con amargura y resuelvo callar, Mi silencio será más piadoso... ¡Qué crueldad sería darles la solución... En mis palabras sólo he querido bosquejar lo que es la esperanza. ¡Divino poder el suyo que llega á todos los corazones... JOSÉ RAMOS MARTIN. EL PELOTÓN DE LOS TORPES CONCLUSTON i et 1 r- 4? A- v s- i. i 7. ¡Adiós, salero i Vaya u n a presonita con mérito, ¡preciosa! 8. -Aquí te traigo esta cajetilla, aunque las han subió, ¡so pillo 1 9. -Esto se V a poniendo feo; aquí la vamos á entregar. 10. -i güerta a la derecha! -Si tarda un poco, ¡agur! -148- II. -i Bueno me van á poner 12. -A esos, que los pongan al cuando vean que en vez de milita- sol para que se sequen, y á usted, res llevo quintos pasaos por agua I á la sombra, por coquetón, 161-