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mmi ER- íMGmn M PAGINAS FEMENINAS ventud no necesita piedras preciosas para realzar sus encantos. Los zapatos vuelven á ser iguales al vestido, dejando los de tissu para las toilettes de señora ó muchacha de más edad que ¡a. que todavía no ha dejado de ser niña. CONDESA D A R M O N VILLE. C R Ó N I C A D E PARTS MIÉRCOLES z 6 U A B K Í L Y a pasó la Cuaresma con su forzoso retrai miento. Con la Pascua de Resurrección se abren de nuevo los salones y empieza la serie de fiestas de primavera. E n esta época suele haber muchas presentaciones d e muchachitas recién puestas de largo; á sus toilettes, muy especialmente, voy á dedicar mi crónica. Las faldas son menos cortas; pero no llegan al suelo, y bastante más amplias; las entravés se han vulgarizado de tal modo que ya no se las ponen más que las modistillas y todas las personas que se deciden á adoptar las modas cuando las elegantes las han abolido, ó las señoras que con tal de hacerse notar, no les importa sacrificar el buen gusto, y en ocasiones el buen nombre, que es lo peor. Pero, en fin, dejemos á cada uno con sus errores y volvamos á las toilettes de jeune filie. U n vestido precioso de tarde es, sin duda alguna, el que voy á describir. De inousseline duchesse negra sobre fondo rubí claro. El cuerpo, cruzado, lo mismo por la espalda que en el delantero, formando pico hasta la cintura, está guarnecido con grandes solapas de hberty rubi, por entre las cuales aparece una camiseta fruncida de tul blanco, sin cuello. L a falda, siguiendo la Bnea del cuerpo, se cruza en sentido inverso que éste con las vueltas de Hberty rubí, cuyos picos casi se unen sobre ambos costados al borde del vestido. Las mangas, cortas y muy anchas por abajo, constituyen la novedad del momento. El cinturón, estrecho con caídas largas, lo forman dos cintas: de terciopelo negro la una y de raso rubí la otra, con una borla en cada extremo de felpilla negra. Completa esta Donita toilette u n sombrero de paja inglesa negra, con el ala forrada de gasa rubí, y dos plumas inmensas de igual color- alrededor de la copa. Como traje para el primer baile no puede idearse nada más bonito que el último modelo de una casa inglesa, confeccionado con gasa rosa bordada de cristal, sencillísimo de forma, sin más adorno que un gran boviquet de szveet- pea. Las cabezas cada día se peinan con más naturahdad, huyendo de exageraciones voluminosas. Si la frente es pequeña y bien hecha, lo mejor será el pelo dividido en raya, ligeramente ondulado, con el moño sobre la nuca ó en el centro de la cabeza, según lo exija la fisonomía. Si la frente fuese excesivamente despejada, convendría el pelo levantado, dejando escapar algunos ricillos muy sueltos y vaporosos. L a s muchachitas muy jóvenes no suelen adornar sus cabezas; pero en el caso de desear ponerse algo, lo mejor es una flor ó un arito de oro liso. P o r supuesto, joyas de ninguna clase; la j u- SIEMPRE JOVEN pensando en las lectoras de LA MUJER Y LA CASA co- metí hace pocos días la más grande de las indiscreciones; quizá la única que no obtiene perdón: Preguntar á una señora que se ha plantado en los treinta años desde hace veinte (con el candoroso convencí- miento de que engaña á todo el mundo) cuál es el secreto que posee para que el tiempo pase sin amino- rar su belleza. Pues bien, contra lo que yo esperaba, la persona a que me refiero no se incomodó y me contestó, sonriendo Fíjese, y verá que los dientes son míos, el pelo conserva su color natural, el cutis tiene la transparencia y tersura propias de la juventud; todo ello sin tintes ni afeites de ningún género; pero no lo atribuya á un prodigio de la Naturaleza; el secreto de mi perpetua juventud consiste en tres cosas muy sencillas: ejercicio diario, aire y sol. Una de las cosas que más pronto envejecen es la vida sedentaria, que trae consigo los movimientos poco ágiles y la obesidad. La falta de aire puro dificulta la circulación de la sangre y quita frescura al cutis; en cambio, mi higiene es el mejor preservativo contra todo género de enfermedades y contra las arrugas, que son nuestros crueles enemigos. Primero, un baño, frío ó caliente, y, en seguida, á la calle, á dar un paseo de una hora y cuarto, poco más ó menos; durante la mañana, procuro estar en ei jardín, leyendo, cosiendo ó arreglando las plantas que yo cuido y no consiento que toque el jardinero; después de almorzar, tomo un baño de sol y después vuelvo á salir, procurando intercalar entre fiestas y visitas una hora y media de paseo á pie. Me acuesto temprano, para poder madrugar (la luz del día es mucho más conveniente que la eléctrica) y llevo siempre el cuello descubierto. Las pieles alrededor de la garganta son muy perjudiciales, lo mismo que el exceso de abrigo. Haciendo ejercicio con regularidad, se tienen siempre calientes los pies y las manos; teniendo las extremidades á buen temple, la circulación es perfecta y, por consiguiente, no se siente frío. Ya ve usted que mi secreto está al alcance de toda la que quiera ponerlo en práctica, y puesto que usted conoce la fecha de mi nacimiento, no dad k que el resultado es excelente.