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acababa de trasponer el cabo del medio siglo. Y su dibujo, lo esbelto de su traza, lo elegante de es que tía Cristeta, cuya salud había sido siempre sus proporciones... Cerrábase con una pequeña envidiable, salvo los ramalazos de las jaquecas, llave, también de hierro y oro; pero más que con moralmente debía de haber sufrido mucho, aunella, con un secreto que impeoía ó facilitaba la taque nadie sabía por qué, ni cómo, ni desde cuán- I rea de sus afiligranadas guardas, pues éstas daban vueltas y más vueltas dentro de la cerradura, do... y ella, encastillada en lo rispido de su carácvueltas vanas y sin provecho, mientras los cuatro ter huraño, reservado, hosco, tuvo buen cuidado rosetones de los ángulos de la tapa permanecían de no dar su brazo á torcer, satisfaciendo con sus en sus puestos, funcionando, en cambio, perfectaexplicaciones la insaciable curiosidad de las genmente en cuanto aquéllos eran empujados hacia el tes. Cuestión de amoríos debió de haber sido ceentro de la cobertura. Este secreto habíamelo ello... y hasta mi familia casi, casi se atrevía á aclarado mi tía siendo yo un mocito, y hasta me señalar al causante de tales sufrimientos... Pero lo había descubierto y enseñado con cierto empecomo lo decían los míos riendo el caso, y con ño de que no se me olvidara, pues la cajita aquella ciertos epigramáticos ribetes de zumba, no había habría de ser para mí el día que ella pasase á meque parar mucha atención en ello ni darlo como jor y más descansada vida. artículo de fe, pues antes que de fe, debía de serlo de eterna duda. ¡Porque si se fijaba uno un poNo hay que decir que me faltó tiempo para prequito en el pollo... guntar al notario por la arquilla en cuestión, temiendo algún escamoteo de los criados; pero don El pollo era don Carmelo, un pobre señor rentista, viejo y envejecido, enfermo del corazón des- Augusto me tranquíHzó al punto entregándome, si no la caja, la llave de ella, la pulida llavecita, de sus mocedades (apenas probadas las mieles hique por sí sola era un primor, diciéndome: bleas del matrimonio) y con la vista perama casi completamente, también desde época remota, abra- -En mi poder está la arquilla, cuyo contenido ignoro; no se apure; no ha llegado aún el día se aha por los fuegos invisibles que consumían sus ñalado por la finada, que de Dios goce, para su ojillos encarnizados, sanguinolentos, víctimas de entrega. He aquí la llave; guárdela usted, que no incurable irritación devastadora... Claro es que creo muy lejano el final del plazo marcado para este viejecillo había sido en sus tiempos un real poder usarla. Yo avisaré á usted cuando llegue el mozo. Aún teníamos en casa su retrato, hecho momento oportuno. siendo él diputado y director general de no sé qué Quédeme perplejo. ¿Qué plazo sería aquel y cosa, en el que aparecía en plena juventud, peinaqué misterio encerraba la preciosa arquilla que do á lo Amadeo, de frac, con la placa de Isabel la aún no era tiempo de aclarar? ¿Qué se habría proCatólica sobre el corazón, guapo, simpático, agrapuesto mi pobre tía con aquella dilación? ¿Castidable... y con unos ojos grandes, negros, soñadogar, acaso, mi deseo de verme dueño de la codires, que enamoraban. ciada alhaja? ¿Mortificar un poco mi ambición. Pues á este buen señor achacábase en mi casa ¿Defender algunos días más, algunos meses, allos sufrimientos morales de tía Cristeta y hasta gunos años algo para ella muy querido, que en su perpetuo celibato de ella, quien desde la época mis manos de joven, aturdido y no muy ordenaen que dicen que si tuvo ó si no tuvo amores con do, pudiera fácilmente evaporarse... ¿Era ello don Carmelo y éste se casó con la de los Volmiun último alarde de rubor que velaba algún secreres, nunca jamás dio oídos á palabras de hombre, tillo íntimo que yo debiera conocer en su día... fuera de las de su confesor, y comenzó la vida Durante algún tiernpo fué mi obsesión la arquiaustera, recogida, insociaole en que siempre la colla dichosa... Vuelta á preguntarme: ¿qué podría nocimos. No faltó quien echase la cosa á hechiencerrar en su hermético seno cuando estaban ya cería... y hasta hubo quien se atrevió á tildar de en mi poder los valores, los títulos, las escasas alalgo de ello á la propia infeliz señora. ¡Válgame hajas de tía Cristeta: sus anillos barrocos, sus Dios... ¡Tía Cristeta, bruja... pendientes de esmeraldas y de perlas montadas en nácar, su joyel de gruesos diamantes prendido soPues, como iba diciendo, nombróme mi tía su bre una escarapela de seda antigua, deslucida, con heredero universal: mucho ruido y pocas nueces, el que decoró sus empolvados cabellos alguna nopues no era ella rica ni mucho menos: un dorado ble virreina del vasto imperio de los Incas, en pasar, asegurado por unas cuantas láminas y altiempos ya lejanos... ¿Qué sería ello... ¿Qué gunas tierras, de todo lo cual me puso en posesión sería... 1 notario de Aldibuena, don Augusto, al acaecer la muerte de la testadora. Presto terminó mi incertidumbre. Una carta del Si algo podía codiciar yo de los bienes de la dilunta, era una preciosa arquilla de hierro, cince- notario don Augusto invitándome á tomar posesión de la arquilla fué nuncio de que mi curiosilada, incrustada de oro, de purísimo sabor gótico, dad iba á ser satisfecha. Volé al pueblo, recibí la legado de un viejo pariente que murió siendo obiscaja, trasládeme con ella á la fonda, con ella enpo en Méjico. Aquella arquilla, en la que tía Criscerréme en mi cuarto y, colocándola sobre una teta guardaba sus joyas y sus valores, había excimesa, me dispuse á abrirla... Hice funcionar los tado siempre mi admiracÍOTí por lo primoroso de