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M U J E R E S DE PARÍS CLEO DE M E R O D E ON su eterno aspecto de jeune filie, su carita de danzas que ella se ha inventado y que no dejan de tener cierta gracia, pero aquello no es baile ni nada... muñeca y las dos ondas del cabello cubriéndola casi por completo el rostro, Cleo de Merode no enve- Recordarán ustedes la danza española que bailaba en jece; siempre está igual. Otras estrellas nacen, brillan Madrid. Hay que suponer que las danzas griegas que y desaparecen... Cleo de Merode queda... Durante antes ejecutaba tenían tanto de griego como de espalargas temporadas no trabaja y entonces se la ve ñol el bailecito... Pero, sin embargo, resultaba todo como una buena burguesa, ir á los teatros modesta- bien... Al terminar el espectáculo, el público salía del mente... No tiene trenes lujosos ni automóvil... En teatro defraudado, pero... al día siguiente volvía al r a r í s es una ridiculez gastarse el dinero en tener au- teatro, y al otro después, y al otro luego... En todas tomóvil habiendo tantos millares de alauiler... Cleo las poblaciones donde trabaja Cleo de Merode la ocude Merode, como buena parisina, frecuenta el Metro, rre lo mismo. El primer día, el público sufre una deque es todavía más económico que el autO y el fiacre. cepción, pero luego llena el teatro todas las noches... Se dice que es millonaria y no me extrañaría que lo Ea historia que más celebridad dio á Cleo de Mefuera... Lo que desde luego y sin duda de ningún gé- rode fué la de sus amores con el difunto Rey de Bélnero se puede asegurar es que Cleo de Merode es mu- gica... ¡Los chistes que se han hecho en todas las jer de talento... lenguas! Y vean ustedes lo que son las cosas... Los No, no será ella la cigarra que canta alocada du- tales amores fueron un infundio... Bastó que una norante el estío, sin pensar en el invierno crudo... Cleo che el rey Leopoldo, durante un entreacto, fuera al de Merode ha debido ver la fortuna de muchas que foyer del baile de la Opera y que por espacio de cinco minutos cumplimentara á Cleo de Merode, para que después se arruinaron y no quiere ser como ellas. Todos los años hace su tournée por Austria y Ale- al día siguiente quedasen consagradas en el bulevar mania y para que no se olviden de ella trabaja un las relaciones amorosas del Rey con la bailarina. Y lo mes 6 dos en París... En seis ó siete meses gana gracioso del caso es que el Rey no volvió á ver á Cleo ochenta ó cien mil francos y el resto del año reposa, y que su amistad se redujo á aquellos cinco minutos haciendo vida de burguesita. No asombra por su lujo, de conversación en el foyer, en presencia de un cenni maravilla con sus brillantes, ni pierde un céntimo tenar de personas... en el hacarrat... Es de suponer que no se arruinará, ¡B a h! No importa... La gente dio por escrita la como tantas otras... novela amorosa y apenr 5 se sabía que el rey Leopoldo Cleo de Merode es una de las artistas de mayor re- visitaba una población, ya estaba todo el mundo afirnombre, y apenas se anuncia su debut en un teatro, mando que Cleo de M. erode iba con él... Recuerdo no queda una sola localidad vacía... El público acude que, hace seis años, el rey Leopoldo fué á Sevilla de curioso, deseando contemplar de cerca á la artista incógnito y, la Prensa de la localidad aseguró que en que tanto se ha popularizado en todos los países del la plaza hallábase también Cleo de Merode, luciendo mundo, de la que tantas historias se cuentan... ¡Ay! la clásica mantilla... Y Cleo de Merode estaba tan ¡Y tan equivocadas! Cuando Cleo de Merode se pre- tranquila, bailando sus danzas griegas en el Wintersenta en escena, es indudable que se hace simpática al garten, de Berlín... Yo, que leía los periódicos y la auditorio... Es modesta, apenas si levanta los ojos del veía trabajar en Berlín, me preguntaba: ¿habrá ido suelo, no mira jamás al publico ni necesita hacer gui- esta criatura á Sevilla en aeroplano? ños á los señores de los palcos... Baila y sus moviPero j vayan ustedes á convencer á los sevillanos mientos son finos, distinguidos; sus posturas artísti- de que no estuvieron en Sevilla, jurándose amor cas... Claro que no es una Maud Alian ni una Isidora eterno, el difunto rey Leopoldo y la bailarina Cleo Duncan... Lo que baila Cleo de Merode son unas de Merode 1 JÓSE JUAN C A D E N A S