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mmidEn íEíemñ PAGINAS F E M E N I N A S CRÓNICA DE PARÍS Mih: coLf- s P s un dolor que la moda haya extendido su do minio más allá de lo conveniente, apoderándose del guardarropa de los niños. Mientras son chiquititos, no importa que las madres, entusiasmadas can los encantos de bebé, le cubran de encajes y bordados. El muñequito no aprecia el valor de todo aquello, sólo se da cuenta de que está más cómodo con el delantal de casa. 1.3, influencia de la moda es perjudicial desde c ue las niñas tienen uso de razón. Da pena oir á una criatura de oche años criticar á sus amigas y decir que son. cursis y que llevan una toilette demodée. A mi juicio, las chicas en todo tiempo deben vestirse con extraordinaria sencillez. Están tan r. nas con sus trajecitos de piqué blanco, que en los días solemnes debe substituirse por otro de batista bordado y, naturalmente, para la calle cubrirlo con un abrigo de nutria, de terciopelo ó de paño, según lo permitan las circunstancias. Pero ya no puede ser, esta adorable sencillez ha desaparecido; son poquísimas las madres que tienen el buen gusto de ir contra la corriente, pensando únicamente en que la toilette de sus hijos esté siempre de acuerdo con la higiene; es decir, que lleven el cuellecito al aire y usen vestidos lavables. H a y otras, sin embargo, quizá más artistas, pero menos inteligentes, que huyen de la moda, sacrificando á sus pequeños á un perpetuo travestissement. La originalidad los hace creerse superiores á los demás y se acostumbran demasiado pronto á admirarse. Dos chiciuillos monísimos, hijos de un notable literato muy conocido y querido del púDlico, están pasando su infancia cosimnés de pajes de la época de Luis X I I L Son encantadores y la gente se para á verlos pasar; pero ellos, pobrecitos, serian más felices con su trajecito de toile blanca. Además, es inevitable que se habitúen á poscr un poco, y más adelante, cuando el tiení o pase, serán muchachas esclavas del espejo y hombres insoportablemente presumidos. Los chicos alemanes van siempre muy bien arreí lados; los trajes de las niñas, llenos de gracia y de frescura; los de los gargonnefs, cómodos y correctos. Aquí, nuestras demoiselles necesitan un tailleur de mañana, de un medio color, con mezclilla. P a r a e paseo de la tarde y la visita á sus amigas es indispensable, por lo menos, dos toilettes, princesa ó imperio, todavía con kimono, ligeramente decolletée. Pueden hacerse de marquiscttc, que es una tela ideal, ó de drap de soie monsse. La casaca, medio larga, de ¡iherty, en vez del cuello marinero tan vulgar, tiene una capucha graciosísima. El complemento es un sombrero Polichinelle de tagal. muy levantado por delante, con un gran chon de tela ligeramente bordada de oro. l- os vestidos de fillettes, para recepción, son, poco más ó menos, como los de sus madres. De seda, cubiertos de gasa, con aplicaciones de encaj e los cinturones, bastante más altos que el talle; siempre evitando precisar la línea. Las mangas, japonesas. ¿P o d r í a concebirse alguna otra forma? Por supuesto, cortas, terminando con un adorno que recuerde el de la falda ó con un borde de terciopelo. Botoncitos de acero y grelots de oro constituyen el adorno predilecto para las toilettes de este género. Algunas casas pretenden hacerlas largas, á la Greenaway. H a s t a ahora, la innovación no ha tenido éxito; lo único que puedo afirmar es que los vestidos son menos cortos. d n detalle interesante: las niñas chic, con sus toilettes habiUées no llevan calcetines, sino medias de hilo de Escocia (sin calar) y zapato negro. Los sombreros son una afortunada combinación de paja y alguna tela estampada revoilce de muselina, en dos tonos distintos. Los abrigos, como siempre: rectos, de ckeviotte, ó de paño fino, según sea su uso. CONDESA D A R M O N V I L L E ES PRECISO ALMORZAR SOLOS TTodos hemos oído ponderar las ventajas de descan sar después del almuerzo, generalmente creyendo que es conveniente para la salud corporal; pero ahora resulta, según afirma un periódico inglés, que este descanso es indispensable para el bienestar del espíritu. Cuando espiritualmente abrumado del mundo y de todo lo que él representa, la existencia parece una dolorosa y pesada carga, no queda más recurso que tomar a resi lunch. Es decir, almorzar solo en cualquier sitio, lejos del bullicio, sentado en cómoda butaca y servido por un criado que, si no lo es. parezca mudo. La cantidad y calidad de los platos es indife rente; lo esencial es la soledad. Esta prescripción responde á una necesidad general. ¿Quién será el que ame tanto á sus semejantes que alguna vez no desee alejarse de ellos? ¿Quién no habrá suspirado sotto voce cuando se haya visto precisado á torturar su imaginación para hacer una frase amable? Ciertamente que éstas no son impresiones de misántropo por el contrario, suelen ser más comunes entre las personas que gozan con exceso de la vida de sociedad, y la fatiga espiritual que sienten las sugiere el deseo de la soledad y el silencio. Es fácil suponer que los seres tristes, aburridos, que huyen del mundo alegre, son los que no gozan ni aprecian la soledad y el reposo. En cambio, para los que carecen de recursos propios y necesitan constantemente del concurso de los demás para entretenerse, está indicada la prescripción del almuerzo tranquilo y silencioso.