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COMO SE HACE UN CAMELLO oy vamos explicar á nuestros pequeños lectores la manera d H delicias esteáOriente y también lasanimal, cuyo solo noínbre evoca hacer simpático y sufrido las de tragedias del desierto. Tener un camello en casa y por poco precio, y sin estar expues- tos á que se nos malogre, es una verdadera ganga. El camello, habitante de los países cáHdos, se aclimata, difícilmente en los demás, y sobre todo en Madrid, cuyo clima variable acaso no podría soportar. El pobre camello del Retiro pasa unos inviernos muy malos y se acatarra con frecuencia, á pesar de los cíiidados de su propietario. El camello que nosotros vamos á hacer estará siempre libre de esos peligros. En estas planas pueden verse todos los elementos necesarios para construirle: el cuerpo, las orejas y las patas. Se calcan todas estas figuras con papel á propósito, se pasan luego á una cartulina, aunque sea de tarjetas, se recortan después, colocándolas en su sitio respectivo, ¡y ya tenemos el camello e n pie... ¿Hay nada más sencillo... En las patas van marcadas las pequeñas hendiduras que es preciso hacer para meter en ellas el cuerpo y que se sostenga. Para que la ilusión sea completa se le puede dar una mano de su color y señalarle también los ojos y la boca. Estas construcciones tienen un encanto singular: el de la ilusión que nos causan y el empeño que ponemos en ellas hasta verlas realizadas. Y sirven de gran entretenimiento en las tardes frías, lluviosas ó desapacibles, cuando el tiempo no convida á salir á la calle, sino á estar en casita. Entonces, si el encierro se prolonga, pueden hacerse, no sólo un camello, sino dos, tres, cuatro... todos los que se quiera, puesto que el molde está en la manó. Y así, insensiblemente, se tiene al poco rato una caravana... ¡El desierto en casa, como si dijéramos! Claro está que hay personas exigentes, de esas que nada encuentran bien en el mundo, las cuales miran con cierto desdén estos juguetitos hechos en casa, á gusto del consumidor. ¡Nunca salen perfectos! -suelen decir c o n cierto desabrimiento. Ya lo sabemos! Pero lo mismo puede decirse de los que hacen los propios fabricantes de juguetes, pues aunque estén muy bien hechos una casita, ó un gato, ó un camello de los que venden en las tiendas, nunca estarán tan bien como los que contemplamos en la realidad. i Todo es cuestión de ilusión! Y mucha mayor habrá en estas construcciones que salgan de nuestras rrianos... ¡Que al fin es una obra propia la que tendremos delante, y nos ha costado nuestro trabajo y nuestro tiempo! -132- 138-