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LA M A N Í A DE LAS E S T A T U A S 0 N Atenedoro. un señor que guardafreno en D tiempos de Calomarde, tiene fué manía de las esla tatuas. Nadie sabe en qué hechos de armas ó en qué asuntos trascendentales para el país habrá tomado parte; pero lo cierto es que él acaricia la idea de ser esculpido en mármoles ó bronces, siéndole lo mismo lo uno que lo otro- -porque él es de buena conformidad- -con tal de que le esculpan. Hace poco vio la estatua de Pereda en BL. ÍVNCO NEGRO y, desde entonces, no hace más que postura- gallardas y gestos fieros. -A ver, Gervasia- -dice á su esposa, una señora obesa, prima segunda de un flautista del Real, -manda á la chica poner en la cocina la mesa del comedor y el armario de luna; quiero ver qué clase de estatua elijo: si ecuestre ó pedestre. Refunfuña la doméstica, pero pone la mesa y don Atenedoro se envuelve en una toalla de felpa, arrima una silla é intenta la ascensión, que se hace difíci por las condiciones del amo de la casa. Una vez arriba tras mil sudores, la tropa menú da- -dos varones y cuatro hembras, que parecen alfileres de corbata por lo escuálidas- -rodea la mes. i donde está el cabeza de familia que, loco de entusiasmo al verse contemplado, se pone en jarras y s. queda quieto como una estatua de verdad. -Gervasia- -dice de pronto, -dame la badila par. i ponérmela junto al pecho á guisa ue tizona. ¡Ah! y el zorro colócamele sobre la cabeza, cayéndome por los hombros, para hacerme la ilusión de que teng casco, como Atila. El pobre señor parece un rey de armas de esos qui salen en el teatro acompañando al padre de la carac terística; pero él no lo nota y se cree un emperadoi de pelo en pecho. -A ver, ¿qué parezco... ¡Un saxofón... ¡Un pocilio... ¡La sota de espadas... ¡Por Dios, mujer... Lo de la sota de espadas lo ha dicho Fulgencia, 11 chica, y le sienta tan mal á D. Atenedoro que, per diendo toda su gravedad y perfilándose como parn entrar á volapié, ruge: -Usted, Marcolfa, no tiene ni tanto así de dere cho para hablar, y en esta casa, se lo digo por séptima vez, no es usted otra cosa que un mueble: I; i me. sa de noche, el cajón de la barredura, el busto diColón, etc. etc. t P J