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IIU III -P MH -II- -1 1- T lir- -L- ilL- -l íaricayjSfeor o 21 AÑOS REVISTA ILUSTT ADA F XUM. 1- 0 0 LOS DUENDES DE PANCORBO T LíEScAxATE. amigo t anccrbu, ni las supcr tieiones ni I js para nias encaniados eabcn ya en el mundo. Unas y otru llevo, señor cura, y holgado voy con ellos por uiE iiiundillo aparte, que si las unas nie cnlriítiem u hasta el punto de que cruce los Robledales sin unedo i Jos lobos, el otro es tan cumplido que ni el a ua de la Cellisca, que es 3 a que más se revuelve, me toca, dándome adtniá los colores del íol bajo el gris de la lluvia, y en cuanto á lo primero, n o he de creer, librcnie Diosi en aqntlia apariciones de antaño que salían en niebla de las tumbas y mancliaban el aire con las sombras de sus esqueletos y se transparentaban por los muros á las horas de paz y de muerte, que son las del sueño; pero lo qtie sí digo es que la almas pei didas bullen en las cosas, i uu tienen len íuaje. qne nos hacen señas con lab ramas que mueven, y. en finj que nos vocean con el ventarrón, cuando viene buscándonos y nos sopla al oidu sus bronca palabras y se aleja rL- funÍLiñando por cualquier sitio, furioso de ver qut no le entendemos, de tan embobados como seguímos el caminí. f avante, lijos los ojos en la Piíchcvct. que es donde c í t á nuestro corazón, y en el medro de l- pavías y de los maizales. -Libros baraja ite que no te convinieron, Sidoru. y cada loco puede tener al térmmo de bU afán vm Amadis de ¡anla qne P nlilir ue á piriler los estribos. Soplaron vientos de moda agrícola, y i i viniste con aquel tomo de los fosfatos que íe echaron á perder el caletre y el palatal, por nn entender de tales cosas ni tú, ni yo, ni el que las escribiera. Distóte Uief o á la dcn ono í. i ia, como si abonos y diablos fueran cosa de la uii ma índole y enjundia, y ahora estás á la vuelta de la locura, en la noehe densísima de íu ÍJ norancia, buscando con una lamparilla un ser mi terio ío, un engcndrOj un alma, un trasgo que alimente los estúpidos rueños de tu repagada fantasía. Y así te