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Diván, sin atreverse á pasar al establecimiento, porque razonablemente suponia qúé si tomaba algo lo tendría que pagar y nO tenía con qué. Hacía frío, estaba nublado y, d e tarde en tarde, el caluroso Febó rasgaba las nubes y asomaba su faz por breves- instantes. Gonzalilo np tenía ¿apa, vestía de corto y lucía, un arrogante terno claro que le obligaba a tiritar perpetuamente. Maldecía el hombre del frío que estaba pasando, y en una de las ocasiones eri c ué asomó él sol se dirigió al astro rey, diciéndole: Anda ya, atrévete á s a í i r fantasioso, que. no te. gusta lusirte más que en verano, guasón, cuando no jases farta pa náá. Al lado de este diestro se pasan ratos agradabilísimos por la gracia natural de su conversación. DULZURAS. UN PICADOR QUE PROTESTA P ublicamos en el número correspon diente al día 26 de Marzo un artículo en el que hablábamos de los pocos picadores buenos que hay en la actualidad, y señalábamos como sobresalientes á Agiijeias, Zurito; Chano, Melones, Arriero, Salsoso y Moreno, todos éstos consagrados por los espadas y por los públicos, é indicábamos como merecedores de aplausos á Medina, 4 ríí 7 ef o de Córdoba y Alejo, añadiendo que hay muy pocos rnás y que entre éstos pueden contarse. los que se crean grandes. Pues bien, todo indignado, nos escribe desde Ecija el ya veterano José del Pino, sin duda porqué nO nos hemos ocupado de él. No es la cosa para tanto; pero vamos á copiar, un párrafo de su carta para su: satisfacción, Un servidor atiene treiíita años de picador de toros. No sé si haré algún bulto; pero debo de advertir que entre esas lumbreras que detalla su digno periódico del 26, no han sido picadores de toros; á no ser que el que se retrate y se ecsiha sean méritos suficientes para llamarse picadores de toros. Picatoros abundan, pero lo otro escasea. Luego habla de que nosotros no sabemos nada tíél toreó por dentro y de que algunos espadas tienen los picadores más que nadp. para que sean criados suyos y les pongan los telegrainas de bombo. Eri efecto, no sabemos nada de eso, sino de lo que vemos éri el rédóijdel, y sepa el picador José del Pino quees- tos servidores suyos llevan treinta y cuatro años yendo á los torosa cuatro años más de los que él lleva p ¡caii (io; le hemos visto muchas veces, aunque no tantas como á Agujetas, y esverdad que era un picador muy acepta- ble, de lo que- empezamos á percatarnos, desde aquellas novilladas en que toreaban el écí ajíí y otros. Pero de eso á que le consideremos igual á Agujetas, Zurito y otros, hay mucha diferencia, según nuestro modo de pensar, pues ya dice el Sr. Pino que no. entendemos de eso y será verdad. Menos mal que, después de firmar la carta, hay una. posdata en la que afirma: Los noníbres de los picadores de toros, para que lo sepan, son Badila, Agujetas, Zurito, Chano y Al. várez, y stgiináos, Arriero y. Melones y algunos otros. ¿En qué quedamos? Ya hace mucho tiempo sabíamos, que esos picadores eran buenos, sin que nos lo dijera Pino, y si no hemos nombrado á Badila y Alváréz, ha sido porque no hemos tratado de muertos ni retirados. Si en algo le soy útil, mande como guste, etc. etc. dice al terminar su cartita el i) icador ó ex picador, que no sabemos si se retiró ó está dispuesto á seguir. No nos es útil para nada, y perdone. N i nos incomodamos porque nos diga que escribimos de lo que no sabemos. Lo que no sabemos es picar, que es en lo que se deben ocupar los picadores. Sólo cuando se les aluda y se les moleste pueden reclamar; pero aquí no hemos hablado nunca mal del señor Pino y no tenía para qué indignarse. Lea si quiere el reciente libro de Gallito y v, erá, también con disgusto, cómo cita algunos buenos picadores de los que hemos citado nosotros j no se acuerda de él. No porque sea malo, sino porque ya trabaja poco ó nada y no hay para qué hablar en otro sentido que para desearle una vida tranquila y muy larga. AVERIGUADOR TAURINO Capirote, Madrid. -Dice usted que no está conforme con lo que se contesta á D. V. S. de Valladolid, acerca de las multas que pueden y deben imponer los presidentes á los ganaderos, y alega para defender ó justificar su opinión que el ganadero vende sus reses y no tiene por qué saber, si no quiere, para qué clase de espectáculo taurino las va á dedicar el comprador. Los criadores de toros de lidia, que por cierto están asociados la mayor parte de ellos y sometidos á unos estatutos, hacen constar en sus contratos para qué venden sus toros, si para corridas de toros ó de novillos y hasta si los enajenan para sementales, cobrándolos á precios distintos según para lo que los destinan. Guando son para corridas de toros, viene un re- presentante del ganadero con las reses para no perderlas de vista hasta qtíe se arrastran; hasta tal extremo llevan su escrúpulo en esto. No se pueden celebrar fiestas ítaurinas sin sujetarse al reglamento vi- gente, y éste exige que sean las reses dé casta reconocida, que ostenteif el hierro ó marca de la ganadería- y salgan además cdn las cintas de los colores que deben constar en los cárteles anunciadores. Puede un ganadero vender vtoros para el matadero ó para la labranza, y en tal caso, después de enajeríádos, no tiene por qué jpreocuparse. de lo que hagan con ellos; pero ninguno que estime en algo su nombre toleraría que se dedicasen á otra cosaj Vsi es criador de reses de lidia, pues eri este caso no nos referimos para nada á los. que crían ganado para carne ó labor; sino á los que surten de toros las plazas. Hay un reglamento y el presidente es el encargado de hacerlo cumplir. Si alguno de los toros que se lidian notiene la edad reglamentaria, debe ser multado el ganadero; si la empresa los adquirió con conocimiento de causa, debe ser también multada p o r complicidad, y si los veterinario? han dado tin informe contrario al que resulte del reconocimiento posterior á. la muerte de las reses, ¡tanibién deben ser castigados, como lo son los toreros cuando faltan á lo que prescribe e 1 cuerpo legal que regula las corridas. Comprar un toro de lidia no e s- como comprar un burro ó un toro, para domesticarlo y, engancharlo á una carreta. La misma autoridad que aprueba; un cartel antirreglamentario debía ser multada; pero, por desgracia, no se multa á nadie y todos hacen lo que les viene en gana, Biri deber. Las multas son legales, como son todos los castigos que se imponen á los contraventores de todas las disposiciones de la autoridad. Varios abonados, Madrid. -P r e guntan ustedes: ¿Somos los abonados y la afición que asiste á las corridas de toros los que, pagamos los t o ros y toreros? ¿Tenemos algún dere cho? ¿Merecemos alguna atención por parte de la empresa? A todo contestamos afirmativamente; pero no noshacemos eco de su petición, porque es. inútil y porque és mejor que lo haga ustedes directamente, para evitar tor- cidas interpretaciones. Sr. D. M. S. Sanlúcar de Barrameda. -Sí, señor; continúa toreando, y ya en esta teriiporada lo ha hecho, precisamente en la primera novillada que se celebró en la plaza de Tetuán. No sabemos su residencia.