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HISTORIAS NOVELESCAS UNA REVELACÍGN p í u é según se refirió en uno de los primeros números de La Lidia, en una porrida de novillos toros celebrada ea Sevilla. tárlo, cacó del bolsillo el pañuelo de las narices, lo desdobló, lo extendió en, el suelo é inmediatamente sé puso dé rodillas, sobre él. Innecesario nos parece describir la ertipción que se apoderó del publico. Quiért más, quién menos, creía que aquel muchacho era un suicida y qué iba á ofrecerles, un espectáculo trági- jór, volviendo la vista frecM sntemente hacia el presunto suicida. Este no hacía caso de áqaeí alborot ó antes bien, resuelto á realizar lo que había pensado, sé quitó el sombrero, lo agitó en el aire y empezó a vocear para llamar la atención al toro. La res obedeció a. aquellas excitaciones y apenas vio á quien tan au- X- t í á íft ...rt í Al, comenzar lá lidia dé uno de los; toros echóse al ruedo un joven, entre el asombro de los especta; dprés; diri- gióse resueltamente al, centro, de la plaza dando pruebas dé una serenidad envidiable, y antes de que lidiadores ó agentes de la autoridad -lieran evicó. Sé produjo un alboroto tremendo. Que. se lo lleven! ¡A la cárcel I ¡Eso no se puede tolerar! gritaban por todas partes; Y, la génté, de pie en sus asientos, dirigiéndose á la autoridad que presidía la fiesta, vociferaba á más y me V dazmente la desafiaba, h ó á correr hacia ei bulto, con unCímpetu formidable Las voces de los espectadores se confundieron en un grito de angustia. Un momento después resonaba en la plaza un vocerío de entusiasmó.