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1 3 1 -iB tí á quien no se debe t (mar en serio porque no lleva propósitos formales. ¿Cuántos chirlos te ha hecho tu novio. Filomena? -Todavía ninguno, mamá. ¿Ninguno? i Ay, pobre hija mía, qué desgraciada vas á ser! Ya he dicho yo que ese hombre no te quiere. Es un tunante que no viene más que á pasar el rato. -i Pero si todavía no llevamos más que dos semanas de relaciones! Además, ya me ha dicho ayer que piensa comprarse un bastón de estoque y un revólver Smith. Viene formalmente. Los jóvenes que aspiran á ser correspondidos por las elegidas de su corazón, lo primero que hacen es adquirir armamento. ¿De dónde vienes, Aniceto? -De comprar una pistola de lance en dos duros. ¿Tienes algún desafío? -No por cierto. -Como dices que es una pistola de lance... -Sí; pero la he comprado porque, la verdad, chico, estoy enamorado hasta las cachas; pienso pedir relaciones á Manolita, y, como comprendes, pretender á una mujer sin llevar armas parece poco serio. En las confidencias amorosas út las muchachas sale constantemente á relucir la nota trágica, empañando el cielo de sus ilusiones. ¿No sabes que se me ha declarado Mendrúguez? ¿Y qué le has contestado? -Le he dicho que si. -Pues ahora debes hacerte un buen retrato- -Ya se le daré más adelante. -No; si no es para él; es para Los Sucesos. Las amigas previsoras aconsejan la adopción de precauciones en cuanto vislumbran en los ojos de un joven los prolegómenos de una pasión. -Carmencita, me parece que ese del gaoán claro te mira con interés. Yo que tú, avisaba á la Casa de Socorro del distrito. En nuestros días se vierte más sanere en las conquistas de amor que en las conquistas de territorios. Las mujeres cuentan hoy los novios que han te 4 f nido como los guerreros valientes las batallas en que han tomado parte: por el número de cicatrices. Antes, lo primero que necesitaba toda mujer enamorada era una doncella de confianza; ahora, lo primero que necesita es un cirujano práctico. Las jóvenes casaderas están aterradas. Una señorita, cuyo novio entra en casa hace poco, decía anteayer á su madre: -Estoy preocupada con la actitud de Onofre. Tiene estos clías la mirada torva y parece que proyecta algo grave. -Aprensiones tuyas, que eres una novelera. Onofre es un infeliz. Es que, además, al marcharse anteanoche le vi ocultar precipitadamente bajo la americana un objeto brillante, que me pareció de metal. ¿De veras lo viste? ¡Lo j u r o! -Pues ya sé lo que es. ¡Dímelo, no me ocultes nada, por terrible que sea! ¿Es un puñal, una daga, un alfange? -Es una cuchara de plata que falta desde anteanoche precisamente. ¡Grandísimo sinvergüenza! ALEJANDRO N I E T O De nu estro Concur. o. T. eina; cSotillcza