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4 rt EL INSPECTOR por sus intereses y ofrecen al respetable público la figura y el trato del funcionario que exige ios billetes, inspeccionando asi el cumplimiento del primer deber á que se obliga todo pasajero. Ahora estamos, precisamente, en uno df esos períodos agudos de inspección... A poco de haber ad quirido el billete que justifica nuestro derecho, vemot aparecer á nuestro lado á un hombre terrible, de bigotes foscos y mirada inquisitiva, el cual nos exige la inmediata presentación del documento mientras esgrime un aparatito que sirve para taladrarlo. Este hombre está sujeto, como todo el mundo, á las varias circunstancias de su propia naturaleza, ó, por mejor decir, sujeta á los. demás á las diferentes alternativas de su carácter. Así, unas veces nos saluds con amabilidad y otras nos dedica cualquier sonidc jutural, que en ningún caso puede tomarse por ur jaludo; ya nos pide el billete con dulce sonrisa, ya ios lo arranca de entre las manos con fiereza; ora nos lo devuelve humildemente, ora nos lo arroja con ademán violento. Siempre dentro de la gravedad propia de sus augustas funciones, y sin perder ni por un instante el físico del empleo al cual son indispensables la mirada para confundirnos y la gorra para anonadarnos. No hay que decir si las diferentes clases de viajeros influirán en sus relaciones con el inspector... En el tranvía no pueden señalarse de un modo tan elocuente esas clases como en los trenes, donde los departamentos de primera, de segunda y de tercera acusan ya las naturales distancias que existen entre sus respectivos ocupantes; pero siempre hay algo, á Dios gracias, que en el tranvía, como en todas partes, marca esas diferencias... La indumentaria, por ejemplo, y á ella se atiene el revisor para dedicar á cada quisque el trato que le corresponde. De aquí provienen esos pequeños litigios que suelen amenizar los viajes, de suyo aburridos y pesados á causa de nuestro propio deseo vertiginoso, más que por los impedimentos propios de la locomoción (paradas, atropellos, roturas del cable, salidas del trole, etc. etc. y de aquí surgen también los curiosos incidentes que inspiran diversos trozos de oratoria y tal cual escena de saínete, olvidada ó no vista por los ingeniosos cultivadores del género. tiempo las empresas tranvías DEsetiempo en acometidas del justo de los de velar sienten deseo ha venido á parar en que ía gente. dedique su antipatía á la respe t a b 1 e figura del ins p e c t o r, consider a ndo sus funciones como una molestia más que la imponen las empresas. De todos modos, justo es decir que su mantenimiento en nada afecta al bolsillo del pasajero, como ocurre con el de otros similares. El aparato llamado contador- -por ejemplo, -Tsiendo también un inspector de las empresas de la luz eléctrica, ha de pagarlo el respetable público á quien inspecciona. El inspector del tranvía, lo mismo que sus congéneres- -los inspectores de todas clases, jefes de acomodadores, capataces, revisores, etc. etc. -responde á una necesidad creada por los mismos á quienes s ve obligado á inspeccionar... Seguramente hubo dos tres, cuarenta, doscientos, tres mil viajeros que hicie ron tranquilamente su viaje sin pagar el consabiac estipendio, y hubo, asimismo, algunos cobradores qu (no cumplieron con sus deberes documentales ni monetarios... Entonces las empresas viéronse en la imprescindible necesidad de defender sus intereses, creando ese intermediario y dotándole de cierto parentesco con la respetable clase notarial. No sería muy raro que el día de mañana tuviesen que crear también un nuevo cuerpo de inspectores para inspeccionar á los que ahora nos inspeccionan. Y he aquí cómo todas las cosas del mundo tienen un fundamento respetable, aunque ellas de por sí no nos lo parezcan. He aquí comprobadas, una vez más, dos observaciones que parecen antitéticas y no lo son... Las personas decentes en este caso, las que jarnás ni siquiera pensaron viajar de, gorra en el tranvía, han de sufrir ciertas molestias por causa de sus antípodas. Los que cometieron la pequeña estafa, cuanto reprobable acción, de marcharse sin pagar, han obligado á crear esas plazas donde honradamente se ganan su vida esos funcionarios, á los cuales me complazco en saludar desde este sitio por si no me saludan desde el otro... GIL PARRADO. Dibujo de Regidor,