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MODAS DE P A R Í S UN N U E V O I A profesión de modisto debe ser en París muy lu craíiva, sobre todo, cuando se llega á tener la lirma acreditada. Pero los modistos de la rué de la Paix, de la place Vendóme y de la avenue de l Opera necesitan vender mucho y, sobre todo, muy caro para equilibrar sus presupuestos. Los locales cuestan un sentido, los dibujantes otro y el personal de oficialas, naniquíes y demás debe ser un horror. Indudablemenie, es un negocio la profesión; quizá MODISTO versas y tomando unas tazas de té... Son los maniquíes... Hablan, se levantan, andan, recorren la habitación con naturalidad, se sientan, adoptando di- versas posturas... Y la espectadora no tiene que hacer más que elegir el modelo que la gusta. Lo mismo ocurre si desea un traje de soiree, un vestido de recepción ó un cinco á siete; el modisto tiene ya arregladas las habitaciones como si fueran escenarios, con muebles, bibelots, tapices, servidumbre... Cuando las clientes van en busca de vestidos de calle, el modisto las conduce al jardín del hotel, un jardín magnífico, lleno de árboles y parterres, con pequeños cenadores iluminados suavemente... Y paseando por las avenidas del jardín encontramos una señorita sentada e n u n banco rústico, leyendo un libro; m á s allá vemos tres ó cuatro amigas paseando en o t r o lugar, una joven contemplando un macizo de flores... Y todas ellas lujosamente ataviadas, luciendo t o iiettes elegantísimas... Es que todas son los maniquíes de la casa... E l procedimiento e s I nuevo; la reclame que ha í hecho el modisto, estupenda... En la actualidad, todo el París elegante invade, el hotel de I la a V e n i d a de Antin, mientras los industriales de la rué de la P a i x fruncen el ceño con inquietud... ¿A qué cifra subirá el gasto diario de esta casa? No se p u e d e calcular; pero indudablemente sumará unos cuantos miles de francos... Para c u brir el presupuesto y ganar dinero, es menester que este hombre venda muchos vestidos todos los días y á buen precio... Hace falta q u e vengan m u c hos extranjeros á vaciar allí los portamonedas, porque las gentes de París no pagan primadas y se surten en La Samaritana ó en las Galerías Lafayette... Es igual y cuesta más barato... Pero el mundo elegante este mundo snob y ridículo, que sólo busca lo raro, lo exótico, lo nuevo, va á casa del modisto y se deja esquilmar. Al principio, las damas que ponen la moda en París iban al hotel de la avenida de Antin á curiosear nada más... El modisto lo observó, y como es hombre que tiene prisa por hacer dinero, ideó una diablura que puso en seguida en práctica... Ahora, cuando las visitantes llegan, un cortés empleado las advierte: -Si la señora quiere ver los modelos, es preciso que se comprometa á adquirir uno por lo menos. ¿Y si no me gusta ninguno? -dice la señora. ¡Oh! Es igual- -replica e! empleado. Bueno, pues desde entonces hay más curiosas... Y cada modelito viene á costar 1.500 francos. Pero el número de tontas es infinito... JOSÉ JUAN CADENAS, el mejor negocio de Francia. La prueba es que todos los días se instala un nuevo modisto, una nueva sombrerera, un nuevo peletero... Y como la mujer es curiosa, aunque tenga costumbre de vestirse en una casa, va á visitarlas todas por si encuentra algo que la guste... En estos días ha surgido un nuevo, modisto que va á armar una revolución... Paquin, Worth, Doucet y Drecole deben haberse echado á temblar... El nuevo modisto ha alquilado un hotel inmenso en la avenida de Antin, en pleno barrio de la Opera; ha hecho una instalación principesca y ha comenzado á tirar un montón de miles de francos en publicidad... Del hotel se cuentan maravillas... Aquello parece un palacio encantado... Allí no se exhiben los maniquíes en fila, en un salón más ó menos suntuoso... Si una señora desea un vestido para tomar el té en casa, la conducen á una habitación adornada ad hoc y allí ve media docena de señoritas luciendo toilettes diFot. Central lUustration.