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¡Estáis loco! -Voy- á convenceros por vuestros mismos ojos; decidme cómo soñáis el mundo. -Sin pobres: todos iguales. -i Qué más? -Sin enfermedades, y de haber muerte, con sólo una para morir. Aún más. -Sin muerte. -Vas á ver, pobre hombre, tu equivocación por ti mismo y poco á poco: cuando salgas de la puerta de tu casa empezarás á convencerte, y, como rilé has de necesitar, tonia la cruz de mi rosario, bé- sala pensando en mí y seré contigo. Iba el hombre á responder ¡pero el peregrino había desaparecido. A no sel por la. cruz, que conservafeen su mano, hubiérase creído juguete de un sueño. Él sol doraba las copas de los árboles cuando salió de su vivienda, Quedó asombrado al contemplar Una ciudad en todo distinta de la que conociera; sucias las calles, en las que se amontonaban las basuras, y los detritus; gentes, desarrapadas. mJserables, que pululaban ociosas; allí nadie trabajaba; quiso, comer, y aun cuando al tocar su faltriquera la encontró repleta, no Uc l saciar su apetito por no encontrar quien le sirviera. Todos teníansdinero, todos eran iguales, y por esta razón de igualdad, que no reconocía servidores ni servidos, iban descalzos, desnudos, hambrientos y desesperados, necesitándose todos y sin querer ser útiles unos á otros. Comprendió la lección, volvió á su casa, besó la cruz y dé nuevo apareció elperegrino. Confieso mi error- -le di jo. -Desde hoy trabajaré, es justo, ya que en la medida de nuestra inteligencia todos nos necesitamos; pero insisto en que, ya que haya pobres y ricos, no debe haber más que una única enfermedad. -Voy de nuevo á complacerte- -respondió bondadosamente el peregrino. -Sal de tu casa y no te olvides de la cruz, que has de necesitarme. Las calles estaban silenciosas, dormidas; escasas gentes las cruzaban, y esas pocah, temerosas, abrigadas con exceso, á pesar de lo benigno de la tempera; türa. No había teatros, cafés ni esparcimiento alguno; médico y farmacia eran palabras desconocidas; todos los habitantes, sobrecogidos deiin pánico inmenso, apenas si se empleaConhnuard. 11 UNA H U E V E R A ENGAÑADA CONCLUSIÓN 7. Recoge la mercancía y se va á la hospedería. 8. Medio muerta de emoción, métese en el portalón. 9. Deja en el suelo la cesta y empieza la trapatiesta. o. Pártelos uno por uno y se queda sin ninguno. II. Sufreuna gran decepción al ver que no hay ni un doblón. 119 12. Cae al sueio desmayada y se queda rebosada.