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mMndEvi mGHsn La mesa de escribir, amplia, sin más cachivaches que los necesarios, y en este estilo todo lo demás. La impresión que produce un salón de este modo amueblado, es alegre y confortable; no será digna de verla en una exposición, pero invita á la vida de familia con todos sus atractivos. El escritor francés se equivoca al asegurar que sus vecinos del otro lado del Canal de la Mancha dan- más importancia al cuerpo que al espíritu. Si merecen toda su atención las comodidades del hogar, es precisamente para que el espíritu, libre de molestias materiales, se desarrolle en un ambiente de cultura sana, aficionándose á los goces de familia, desconociendo la necesidad de buscar distracciones fuera de casa. ¿Verdad que los que viven esclavos de la moda no tienen derecho á censurar á nadie? Por poco espiritual que ellos consideren el amor al confort siempre será menos frivolo y superficial que las pequeneces que esclavizan á los subditos de la vecina República. En los laboratorios, después de detenidos análisis, han descubierto que la parte de tanino que se desprende del té es la causa de tantas alteraciones, ai parecer injustificadas, pero que destruyen el organismo de los aficionados al té. Para que no sea perjudicial debe tenerse en infusión cuatro minutos solamente. La tetera higiénica realiza nuestro ideal. En la tapa tiene un agujero, por donde pasa una cadena, á cuyo extremo pende una bolsita metálica, que debe llenarse de té, sin apretarlo, para que pueda esponjarse. Cuando el agua esté cociendo se echa en la tetera, y, pasados cuatro minutos, se tira de la cadena, quedando la bolsita metálica enganchada en la tapa después de haber hecho un té agradable y no perjudicial. jtro muy O nasregaloviajan bonito, á propósitoespara las persoque frecuentemente, una cesta que contiene todo lo necesario para hacer el té en el tren. La hoiiillote, con su maquiniUa donde se quema una pastilla, en vez del espíritu de vino, para evitar que se derrame; la cajita de fósforos, la taza, el azucarero, la caja de galletas y la del té y el mantequero, un cubierto y la servilleta. No falta absolutamente nada, y parece increíble quí tantas cosas quepan en tan reducido espacio. Seguramente que el fastidio de llevar un paquete más tendrá su compensación cuando, al dar las cinco, cada uno pueda prepararse su tacita de té sin necesidad de recurrir al vagón- restaurant, donde sirven un brebaje malísimo en vez del aromático líquido, que siempre es agradable, pero en camino casi es necesario. DE TIENDAS 1 a costumbre de tomar el té en todas partes ha hecho que se llegue al abuso de una bebida que influye directamente sobre los nervios. A él se le atribuye el aumento de neurastenias y de afecciones de estómago. Privarse del té cuando ya se ha hecho necesario sería demasiado sacrificio, pero debe adquirirse la tetera higiénica. MUEBLES MODERNOS Sincón de gabinete estilo alemán. Soiá, secretaire y macetero.