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do, pese á los qiie así piensan, está admirablemente hecho y ordenado, como obra de la infinita sabiduría, lleno de maravillas en todos los órdenes que la inteligencia humana puede abarcar, demasiado limitada para llegar á comprender su fin y su objetivo. Para los que tal dicen y piensan viene como anillo al dedo lo que voy á contar, que no por ser maravilloso deja de ser posible, ya que para quien todo lo puede no existe el valor de esa palabra. Pues señor: en un país y en una época que podéis fijar á vuestro antojo, había un hombre que, amargado por las decepciones la escasez de una miserable vida, á que su mucha pereza, más que sus desgracias, le arrastraron, siempre estaba lamentando sus desventuras, echándole la culpa al prójimo y aún más á lo mal hecho y arreglado que, según él, estaba el mundo. Llegaron hasta Dios tan injustas quejas, y coroipadecido en parte de aquel desdichado, más ignorante que perverso, quiso ganar su alma. Una tarde de invierno, ya puesto el sol, ilamó un viejo peregrino á la puerta de su vivienda, pidiendo un sitio en el hogar para pasar la noche. Nuestro hombre, que en el fondo era caritativo, le hizo entrar y partió con él su lumbre y su escasa cena. Terminada la frugal colación, comenzaron á charlar al amor de la lumbre, y en la charla sacó á relucir su tema favorito, sus quejas de la humanidad, y, sobre todo, su eterna protesta sobre lo mal entendido y arreglado del mundo. -Yo creo- -le contestó el anciano cuando terminó sü perorata- -que ofendéis ai Creador; el mundo es como debe ser, y no puede ni debe ser de otro modo que como es. -No digáis desatinos, hombre de Dios- -replicaba. ¿De modo que estáis conforme en que haya pobres y ricos, miseria y opulencia? -Pobres y ricos, desde luego; miseria, no; esa es una invención de ios hombres, ¿Debemos padecer inútilmente con enfermedades, cuyo fin sólo es hacernos sufrir? ¡Claro que si, puesto que no es ese su objeto! ¿Estáis conforme con la muerte? -En absoluto. Luego encontráis el mundo perfecto. Continuará. -106- UNA H U E V E R A ENGAÑADA POR ALFONSO LLOVET SORl ANO r t Wí X ríí S V vli W? lilíl 1. Pasea por un mercado don Avelino Cortado. 2. Aunque es cosa de villanos, hace bien juegos de manos. 3. De huevos divisa un puesto y hacia él se dirige presto. 4. Separa una docenita y empieza la júerguecita. 5. A cada huevo que abría, una moneda caía. 111 6. La huevera se ha alegrado al ver el metal dorado. Continuará.