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jv- -í: iífi r U N HOMBRE CONOCIDO ¡Qué amor tan excepcional! ¡Qué extraordinaria pasión! ¡Qué noviazgo tan formal! Ella siempre eu el balcón y yo siempre en el portal. ¡Qué pocos seres humanos resisten golpes tan rudos mostrándose á un tiempo ufanos Hablábamos con las manos, como si fuéramos mudos. Fui seis años tan puntual, que el público en general me conocía por el señorito del portal de la calle del Clavel Es bien duro amar así. No pasaoa un guasa viva, mientras yo estuviera allí, que no mirase hacia arriba después de mirarme á mí. Como me hallaba cesante, y para mí lo importante era encontrar un empleo, pensando en el Himeneo solicité una vacante. Y el jefe de la oficina, con una gracia tan fina que no me pudo hacer mal, me soltó esta chilindrina: ¡Hombre, usté es el del portal 1 Repuesto de esta sorpresa, le oí hacerme una promesa. ¡Ojalá- -pensé- -no falle I Y el jefe volvió á su mesa y yo me volví á la calle. Al salir del Centro aquel apuré un cáliz de hiél, pues la portera dio un grito, diciendo: i Ahí va el señorito de la calle del Clavel! Iba tan furioso ya, que en la calle de Alcalá, al sentir un pisotón, enseñé el puño á un guasón y me dijo: Esa es la A. Cansado de tanta guasa, tomé un coche que allí había y, en contra de la orden mía, en vez de llevarme á casa me llevó á mi portería. Recuerdo que con motivo de comenzar el derribo de la Gran Vía, hubo quien Dibujos de Medina Vera. me decía: Es elegante y permite hablar de prisa. Huyendo en día invernal de una- lluvia torrencia! fui á un portal lleno de gente, que gritó groseramente; ¡Que se vaya á su portal! Me atreví á salir un día con doña Paz, que es mi tía, y mucha gente importuna, sabiendo quien soy, decia: No se conforma con una. Mi situación singular llegó á ser desesperada, y al verme tan popular, resolví un día abordar al padre de mi adorada. Don Juan, si usted permitiera que yo algún día subiera á acompañarles un rato, tendría el placer más grato de toda mi vida entera. No puedo decir de fijo si sentí agudo dolor ó sincero regocijo cuando No tengo el honor de conocerle me dijo. Y aunque por mi mala suerte no accedió á lo que pedía, venciendo al fin mi alegría, le di un abrazo muy fuerte ¡porque no me conocía! RAMIRO MERINO. t e m a TJn coplero vulgar