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ai gran artista, pensando que su violín tenía alguna vez sonidos tan dulces como el que cantaba bajo el arco del maestro. Terminado el concierto volvió á su casa emocionado y soñando con un porvenir de gloria que ya no podía alcanzar, puesto que había perdido el instrumento que tantas alegrías les proporcionaba cuando, en los ratos de descanso, le cogía su padre para enseñarle lo poco que sabía. A la mañana siguiente, mientras Antonio refería con vehemencia á su madre sus impresiones de la víspera, llamaron á la puerta, salió á abrir y dio un grito, tapándose la cara con a, tnbas manos. No era posible, él no veía bien, estaba soñando. -i No me conoces? -preguntó el recién llegado. ¿Será verdad, maestro? -balbució el chico. Sprinti, con la caja del violín en la mano, estaba delante de él. E l músico dijo sencillamente: engo á traerte tu violín. ¿Cómo puede ser eso? -se atrevió á preguntar Antonio. -No es nada difícil de explicar- -respondió Sprinti. El constructor de instrumentos de música me escribió ofreciéndome el violín que tú le vendiste; yo lo compré para el concierto que di ayer á beneficio tuyo, i No reconociste su sonido? Antonio miró al maestro, se puso pálido, y se hubiera caído si el gran violinista no le hubiese sujetado, diciéndole: -Hay que ser un hombre ante la felicidad como has sabido serlo ante la desgracia. Quiero que seas mi discípulo. Lo que he recaudado ayer será suficiente para que tu madre y tú viváis bien; puedes dedicarte al estudio, y algún día sonará este violín entre tus manos como ha sonado entre las mías... NE BLANCA Y NI G R A ÍCONCLUSIÓN w Ví- íX 1 J Si 2. 1 a T fMÚÉtek Y i. ff lL lí H H Wjj g 7. La gata, sorda á sus ruegos, proseguía con sus juegos. 5 8. Cuando ya lo iba á matar vio un pajarito volar 9. Por coger al pajarito deja al pobre animalito. 10. El pajarito volaba y, claro, no le alcanzaba. Antonio es hoy día un maestro, un verdadero artista. En su cuarto, de estudio hay un retrato colocado en primer término: es el de Sprinti, muerto hace algún tiempo. Cada vez que el muchacho toca una obra nueva, al concluir mira al retrato, y con el alma rebosante de cariño y de gratitud, exclama: I- Maestro, ¿está usted satisfecho de mí? MARÍA DE 9 PERALES. II. En tanto se va el ratón ligero como un ladrón. 12. Y por ser avariciosa perdió una y otra cosa. -íes-