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¡CUIDADO CON LOS NIÑOS! p s uno de los temas que, sin duda alguna, revisten mayor importancia y son más dignos de estudio y divulgación el referente á los cuidados que deben prodigarse á los niños, pues hay muchas personas á quienes los nirios les tienen sin cuidado, y esa inexplicable apatía se halla, por desgracia, tan generalizada, que hasta los periódicos, en las estadísticas diarias del movimiento de población, cuidan mucho de citar la edad de los que mueren ¡y jamás citan la edad de los que nacen! Divulguemos, pues, infatigablemente, si queremos producir una raza vigorosa y sana, si queremos obtener una robusta generación, obedeciendo á principios científicos y verdades inconcusas, como los geómetras obtienen la generación de la esfera ó del hiperboloide. V á eso tienden estas líneas: á divulgar los sanos principios, las elementales nociones técnica s q u e deben saber todas las madres y todos los recién nacidos. Séame antes permitida una brevísima observación. Tal vez hayan notado los lectores que empieza este profundo estudio con un verbo, es, y si na, yo se lo hago notar ahora; la razón de haberlo comenzado así es que, según San Juan, in principio erat Verbiim. Hecho este pequeño alarc. e de vasta erudición, entro en materia. I. CUIDADOS AL RECIÉN NACIDO. -Cuando el niño acaba de abandonar el claustro materno y lanza el primer vagido, nada tan improcedente y fuera de lugar como entretenerse en rizarle el pelo ó querer afeitarle el bigote. Lo primero que ha de hacerse, una vez emancipado de la madre, es lavar al tierno ser con agua tibia (nunca con agua hirviendo ni con agua acidulada) no debiendo emplearse para esta operación la arena de fregar; también es poco recomendable la práctica corriente de frotar la piel del niño con la suela de una alpargata. Procúrese que al lavarlo no sumerja en el agua la cabeza, y si por descuido 6 inad- vertencia ocurriera esto, hay que evitar á todo trance que permanezca sumergida más de veinte minutos. Limpio ya el niño, no se le colgará de una cuerda para que al aire se seque; lo indicado en ese momento es enjugarlo con un lienzo ó envolverlo en una hoja de papel secante. Sólo entonces se le podrá permitir, si él lo pidiere, que dé un corto paseo por la habitación para desentumecer las piernas. Por último, después de vestido cuidadosamente (para lo que puede servir un traje viejo de su papá) se le aconsejará que se acueste sin tomar alimento alguno, porque es sumamente perjudicial darles en seguida á los chicos langostinos y jamón crudo, como se acostumbra en algunos pueblos de la Patagonia occidental. II. ALIMENTACIÓN. -Durante varios días ha de estar sometido el niño á dieta láctea rigurosa, prohibiéndole en absoluto los licores y el tabaco. Se han dado casos en que, obligado por la fuerza de las circunstancias, un padre amamantó á su hijo; pero no se ha puesto de moda todavía; en genera! son las madres ó las amas de cría (que también son madres) quienes cumplen ese menester, y si la madre no tiene buena leche y tampoco hay medio de proporcionarse un ama ó de sufrir con resignación sus impertinencias, puede reemplazarse esta última por una cabra, una vaca ó una burra, si bien teniendo entonces particular cuidado con la esterilización de la leche, para conseguir lo cual basta hervirla ó emplear, si se prefiere, otro método mucho más elemental y sencillo, que consiste en ir extrayendo uno á uno con habilidad (y con unas pinzas) los microbios que contenga, hasta cerciorarse de que no quedan más: cuestión de paciencia. Este es el procedimiento seguido por los inventores de la esterilización, que fueron Ester (preconizadora también, como es sabido, de la í. síereotipia y del íííereoscopio) y Lisardo, ó, por corrupción, Lizar, de cuyos nombres reunidos vino Ester- y Lizar ó esterilizar; por cierto que cuando hicieron el sensacional descubrimiento, Lizar ó