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COSAS DE PARÍS EL B A I L A R Í N ijiMSKi es bailarín y pertenece, mejor dicho, per tenecía al cuerpo de baile de la Opera Imperial de San Petersburgo. Pertenecía, porque días pasados cayó en desgracia en el favor imperial, y Nijimski se ha visto precisado á presentar la dimisión para irse con sus batimanes, sus flin- flan y sus pas de buré á otra parte cualquiera. Este bailarín es una verdadera notabilidad, un ser extraordinario... No lo tomen ustedes á chirigota... En la iiltima temporada rusa q u e nos colocaron los directore s d e l a Opera de París, el bailarín Nijimski se reveló durante una representación del bailable Scheherazade... Nijimski salí a d a n d o s a l t o s y diríase c ¡u e iba á pegar con la cabeza en las bambalinas. -Parece de goma- murmuraban los abonados. Y las señoras le clavaron 1 o s gemelos. i Oh! ¡Amig a s mías... I Teñí a i s que haberle visto. Sueltos y ensortijados los cabellos niaraviUosamen t e oxigenados dibuj a d a s las. cejas, b i e n untados de r o j o l o s labios, maquillado, en fin, como u n a prima donna, escotadito y l u c i e n d o el arranq u e d e l a garganta. Nijimsl. i no era un bailarín... Parecía un arcángel. ¡Ah I ¡Pero si e s precioso... -decíanse 1 a s damas unas á otras después de haberle contemplado. ¡Y qué elegancia! i Qué gestos! i Qué posturas! JSfaturalm e n t e tres días después Mijimski e r a l a coqueluche de todas las mujeres y 1 cartero de la Ópera tenía que llevar las declarañones amorosas en automóvil. ¡Pobre Nijimski! Creedme: un hombre tan afortunado y que incendia tan fácilmente los corazones, es, en verdad, digno de compasión... A Nijimski le asediaban con invitaciones de todo género... Pero lo peor del caso es que Nijimski, esclavo de su arte, no podía aceptar nada... No comía porque podía engordar, y adiós la línea. No bebía porque corría el peligro de echar tripa y, ¿dónde se ha visto un bailarín barrigón? No trasnochaba, porque si trasnochaba, al día siguiente se le doblaban las piernas v... cómo da los saltoc sntonces? A Ni- NIJIMSKI jimski, pues, había que conformarse con verle así, de lejos, en la escena, dando brincos y volteretas, como se ve revolotear á una mariposa en la pradera... Cuando Nijimski se fué de París, más de veinte blanquísimos pechos palpitaron emocionados. -i A bientot! ¡A bientot! -decíanle las abonadas de la Opera, y Nijimski se fué á Rusia cargado de brillantes y piedras preciosas, riquísimos presentes ofrecidos al efecto por las judías que frecuenta b a n e l turno de moda. Y hoy nos enter a m o s de que el bello N i j i m s k i vuelve... ¿Os figuráis la alegría que e s t a noticia nos proporciona? Nijimski v i e n e la próxima primavera á París, Viene c o n las lilas, con el despertar de la Naturaleza, con los trinos de 1 a s aves y el perfume de las flores. Vuelve radiante y gozoso para ofrecer al público parisiense la llama de sus cabellos oxigen ados, la línea impecable de su academia y el brillo extraordinario de sus ojos... ¡Sus ojos! ¡Ay! ¡S u s ojos, que eran para las ab o n a d a s (k la Opera las estrellas de la gloria! Sí... N i j i m s k i vuelve... Le echar d e Rusia porqu e p a r e c e ser que tuvo el atrevimiento de presentarse en un espectáculo de g a l a a l que asistía la C o r t e imperial, exhibiendo un escote exagerado, sin malla en las piernas cuidadosamente depi ladas... Y el Zar se indignó. Nijimski vuelve á París, y en Par í s le esperamos con los brazos abiertos... Apenas se ha anunciado la nueva, llueven las demandas de localidades en casa de Astruc, porque todo el mundo quiere las mejores butacas, los palcos más próximos al escenario. ¿No sabe usted? -se dicen las damas unas á otras. ¡Nijimski! ¡Nijimski viene á París! ¡A h! ¡Oui, ma chére! Y es de temer que el día de la llegada de Nijimski estén esperándole en la estación diez ó, doce automóviles de otras tantas grandes señoras entusiastas del célebre bailarín. ¡Pobre Nijimski! TOSE JUAN C A D E N A S