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NOTAS TAURINAS fué por los aires el íenotnénál ISpida! Cayó ruidosamente, sin hacerse gran daño, por fortuna, y como si se hubiera vuelto loco, empezó á mechar al bicho por delante, por detrás, de costado... Sólo interrumpió tan brillante faena; para tirarse de cabeza al callejón. El público silbaba, pataleaba y tiraba al redondel cuantos proyectiles había á mano. Maté se retiró; mejor dicho, le retiraron los guardias municipales, llevándole á la cárcel, y no hacía mucho tiempo que estaban allí cuando un griterío tremendo les alarmó grande mente, pues llegaron á creer que los admiradores del preso acudían á libertarle por fuerza. No era tal. Era que llegaba el otro Male, el segundo espada, que tampoco había podido con el toro que su hermano se dejó en el redondel y que fué el primero y último de la corrida. Tuvo que matarle á tiros la Guardia civil. No es necesario decir que aquél fué el epílogo de la vida taurina de los MoU. P. P. CHANELA. uM. BlOGRAFKi quien les aclare dudas y les señale rumbos con objeto de que lleguen á poseer los infinitos secretos que dejan de serlo en el momento en que encuentran quien sepa explicárselos de modo que la más roma inteligencia pueda retenerlos. Aquí, con el excelente ojo clínico tas que logran aplausos incondicionales dé todos los que los ven. A Rodolfo Gaona le hemos visto un juego de muleta y capote hermoso y clásico, elegante y vistoso, sin que tenga absolutamente nada dé grotesco y ridículo, que no es preciso para arrancar aplausos. SATURNINO FRUTOS (OJITOS) I J e aquí un torero inteligentísimo- que, á pesar de tener facultades y afición como las tuviera otro, no pudo en sus buenos tiempos realizar en las plazas lo que luego después ha sabido enseñar. No és el primer caso de tal naturaleza que se ha dado en los toros, pues que el célebre Capita (el tuerto) fué maestro de otros que llegaron á ser glandes figuras, y el cordobés Antonio Luque (el Cámara) que en las plazas no pasó de ser una medianía, dio lecciones teóricas á otros que, al aprovecharlas, llegaron á ser más que él. Nadie pudo pensar que el segundo de los hermanos Ojitos, banderillero que cumplía bien y peón que llenaba su puesto, pero nada más, acabaría por ser maestro de algunos jóvenes que habían de traer á los redondeles un olor clásico del que hubimos de estar privados cerca de dos generaciones. Lástima es que sea lejos de España donde Saturnino Frutos ha explicado sus conocimientos y transmitido sus observaciones á gente joven con afición y deseos de ganar palmas en los ruedos. Aquí, en Madrid, existe siempre un núcleo numeroso de aspirantes á toreros que necesitan como el comer S a t u r n i n o F r u t o s (Ojltosl. que tiene el ex banderillero de Frascuelo, habría visto quién ó quiénes eran dignos de aue se fijara en ellos, y podía haber sacado muchos y buenos discípulos que le dieran la honra y el provecho que merece el que, en los últimos años de su vida, conserva en aumento cada día la afición á la típica fiesta que fué el entusiasmo de toda su existencia. No hizo él con los toros lo que ha enseñado; pero lo vio hacer á Cayetano Sanz y Ángel Pastor; lo retuvo en la imaginación y lo ha sabido explicar con fruto á jóvenes entusias- Ahora cuentan que hay otro discípulo de Ojitos, del que no hablaremos hasta que venga y juzguenios por lo que veamos, pero del que hacen elogios sin tasa. Si no hubiera hecho nada en, su época de torero activo, bastaría con esto para que el nombre de Saturnino quedara en un lugar que respetasen todos los que vinieran después. Nació en un pequeño pueblo de la provincia de Madrid, llamado Fuente el Saz, el año 1855. Su hermano mayor, Remigio, fué torero que en su época disfrutó de cierta popularidad