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¿ES PUNIBLE EL REQUIEBRO? l ESDE que leí en la Prensa la noticia de que en América se había impuesto á un ciudadano severa pena é indemnización á la víctima por haberse permitido requebrar á una señora, no dejo de pensar en las doctrinas de Montesquieu, gue señalan la in- fluencia sobre la legislación del clima, la raza y las costumbres. Ante todo, hagamos constar que la Academia de la Lengua no estuvo muy acertada cuando definió el requiebro ó piropo como dicho ó expresión cariñosa con que se expresa la terneza del amor No es eso; es una exclamación por la que se exterioriza el agradable efecto que nos causa la belleza de una mujer, señalando con una frase ingeniosa, un símil adecuado ó una interjección sonora aquello que impresionó vivamente nuestros sentidos. Es un tributo de admiración, un reconocimiento del mérito estético, una galantería, y por ello entre nosotros se llama simbólicamente al requebrar echar flores. Si en el caso que nos ocupa se tratara, no de un verdadero requiebro, sino de una frase inculta, grosera ó injuriosa, entonces la pena nos parecería leve, porque al oir uno de esos desahogos brutales, soeces y chabacanos, capaces de teñir de carmín las mejillas de un sargento de Caballería, de buen grado impondríamos un mes y un día de trabajos forzados en los rudimentarios artefactos que sirven para extraer agua de un pozo, á los que confunden las flores de uave fragancia con detritus asquerosos y mal olien es, ó no saben calcular el peso y la medida con que deben usarse la sal y la pimienta para que no moesten al paladar y levanten ampollas. Concretándonos al verdadero, genuino y clásico requiebro, no comprendemos que pueda molestar á una mujer; y, sin embargo, es lo cierto que la falta de costumbre, la severidad y circunspección de algunos países, el clima ú otras causas, pueden contribuir á que no se reciban con agrado esas públicas manifestaciones de personas desconocidas, que se permiten hablarnos sin haber sido previa y solemnemente presentadas. Por propia experiencia he tenido que convencerme de ello, porque hace años, en una región distante de Andalucía, me permití decir ¡Buena mujer! á tina señora que llamó de improviso mi atención; y me dejó frío cuando, en tono desabrido y con acento duro y agrio, me contestó: ¡Qué grosero! No sé cómo pude contenerme sin decirle: Señora, usted dispense... Me he equivocado. No puede ser buena la que es desagradecida. Permita Dios que le den viruelas negras para que nadie vuelva á molestarla. Rendido ante la evidencia, confesaré que en otros países y regiones el requiebro debe ser punible, aunque siga sin explicarme la psicología especial ó extraña idiosincrasia de aquellas mujeres; pero esa legislación no puede implantarse en Andalucía. Aquí necesitamos exteriorizar los sentimientos; 3 si pretenden sellar nuestros labios, para que no podamos requebrar á las buenas mozas, seguro es que, con IOF ojos, con las manos y con el cuerpo entero les haremos comprender (y ellas no suelen ser torpes para descifrar esos enigmas) que sabemos apreciar su hermosura. No es el cariño ni el amor, como la Academia supone, lo que tratamos de expresar cuando se piropea a mujeres que por vez primera vemos; ni son tampoco expansiones juveniles 6 exuberancias pasionales; son emociones estéticas que salen á los labios. Así se comprende que yo mismo, con canas, rodead de niños casaderos y del brazo de mi señora, no pueda contenerme al ver pasar una mujer garbosa, do ojos grandes y exoresivo. s y con curvas bien delineadas, y me pare en firme, ó le dedique entre diente, media docena de bendiciones á su madre, á su tía, al cura que la bautizó y á Dios, que con su infinito poder la creara. Algún ligero pellizco he tenido que sufrir por esa causa, pero sin graves consecuencias porque mi mujer sabe que el buen gusto no está reñido con la fidelidad conyugal; y si en otras ocasiones tuve que oir con pena cómo me decían: ¡Vaya el hombre! ¡Con más años que un palmar y más viejo que el Pópulo! yo tampoco lo echaba á mala parte, porque en la mirada acariciante de mi bella interloctitora y en su acento suave y gracioso se des-