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r HnUGÍER MeOSñ w PAGINAS FEMENINAS CRÓNICA DE PARÍS MlÉiXOLES 8 DE MADZO y i e encuentro en un verdadero conflicto. H e prometido describir los sombreros de detnisaison sin pensar en lo difícil que es hablar de una moda que no tiene carácter ni sello particular. P a r a ser sincera y que mis amables lectoras pudiesen formar un juicio exacto de lo que se va á llevar esta primavera, bastaría con decirlas: Todas las extravagancias en su grado máximo. Si se trata de los sombreros grandes, tienen un tamaño inconmensurable, y. en cambio, los pequeños son tan reducidos que no admiten rizos ni crepé; hay que recogerse el pelo en lo alto de l. t cabeza y ponerse la toque como nuestros abuelos se ponían su bonnet de nuit. E n este mundo todo tiene su compensación, y la perfecta anarquía de la moda no carece de la suya. L a variedad y diversidad de estilos no permite caracterizar una época; pero deja á cada uno en libertad de fantasear á su antojo y de ponerse aquello que le plazca y le favorezca. Las personas de buen gusto están de enhorabuena, porque tienen campo abierto donde desarrollarlo en cambio, las que carecen en absoluto de sentido artístico y se aventuran á crear, porque el copiar les parece vulgar, nos proporcionan muy malos ratos. L a s toques son verdaderamente encantadoras. L a s de flores tienen el aspecto de un gracioso bouquet, colocado como adorno de cabeza más bien C ue como sombrero. Muy bonitas las hechas con grandes coques de cinta de dos caras. Le petit chapean bretón, de tagal, adornado sencillamente con una bande de crin de varios tonos, rematado por u n sprit de la misma crin, es realmente ideal y extraordinariamente chic. E n general, las toques son altísimas, formadas con crines drapés ó diferentes tules para obtener un brillante tornasol, que es lo que priva en este momento. P a r a las toilettes de vestir son indispensables los sombreros grandes, exceptuando á las señoras de edad; pero aquí nadie se ocupa de las excepciones, porque en París no existen más que mujeres jóvenes. De diez y ocho años suben gradualmente hasta t r e i n t a ahí se detienen, y no avanzan u n paso hasta que Dios las llama ó hasta que se retiran voluntariamente á vivir en el campo porque los secretos de la química no tengan poder p a r a p r o longar su soñada juventud. Volvamos á les sombreros grandes. De paja ó de tagal claro, casi uniformemente forrados de terciopelo negro, son de un chic étonnant. L a mayoría se adornan con aigrettes; la de última moda, la que seguramente reinará todo el verano, es l aigrette de Numidie, maravillosamente souple y ligera; constituye u n adorno lo más ele- gante que la cabecita más exigente haya podido soñar. Las grandes plumas d antruche, usurpando á los tissus sus tonos glacis, se harán de varios colores. Las broderies de perlas y porcelana empleadas este invierno como adorno para los vestidos de noche, las volvemos á encontrar en la presente estación sobre los sombreros, colocadas alrededor de la copa en los grandes ó salpicando simétricamente los pequeños. De ambos modos, resulta nuevo y no exento de gracia. Como sombrero de sport, he visto uno idea, l que sin reservas recomiendo á todas las jugadoras de tennis ó de golf. Tiene la misma forma que las capuchitas que usan las niñas; cubre por completo la cabeza y las orejas, anudándose debajo de la barba. Está hecha de gamuza muy fina, en su color natural, y forrada de terciopelo negro la parte que sirve de marco á la cara, que á su vez puede utilizarse para que el sol no moleste, dándole la vuelta hacia adelante. Sobre ser bonita, tiene el doble encanto de ser práctica. E n este momento recibo una carta firmada por Una suscriptora pidiéndome que dedique alguna de mis crónicas á la jupe culotte y que la dé sinceramente mi opinión. T e n d r é mucho gusto en complacerla; pero otro día, porque hoy no tengo tiempo. CONDESA D A R M O N V T T T V ie DE TIENDAS que hablé de unos palillos de á mover el Champagne para p e hiciese espuma. Por su forma recuerdan á un aparato de metal que hay en todas las baterías de cocina para batir las cremas; pero como este pequeño instrumento, por ser de plata, resulta muy costoso, puesto que se necesitan tantos como personas se sienten á la mesa y no todo el mundo podría adquirirlos, un fabricante alemán ha hecho una imitación preciosa de los palillos en cuestión y los vende á un precio inverosímil de puro módico. Son de madera finamente trabajada, con una pequeña cabecita de metal blanco como final, que se coloca á tornillo; de modo que, una vez usados, los palillos se tiran; y como en las casas modestas no se toma Champagne á diario, con la caja que acompañe á cada docena de cabecitas hay palillos para un año. Surten el mismo efecto que los de plata; moviéndolos de prisa producen mucha espuma, y si se deja quieto dentro de la copa hacen que desaparezca por completo. í tra nueva monada ha venido á completar la mesa de bridg. No recuerdo quién dijo que los detalles constituyen la felicidad; si fuese exacto que los detalles de lujo y de confort bastasen para hacernos dichosos, ahora no habría un solo ser desgraciado. En fin, volvamos al objeto á que me refiero. -6 6 78- H ace algún tiempo plata, destinados