Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
lo solucionaba, consistente en llamar á un pintor- -Pero, vamos á ver, Pepe Andrés, ¿no l e h a chocado á usted, tan inteligente en cuadros viejos, que en la vecindad vivía y pedirle que, dando algo que en éste salta á la vista? -pregúntele yo. unos toques de color morado á los botones y al- -Ya sé á qué se refiere, don Gustavo- -me con- cuello del traje, convirtiese en un santiamén en canónigo al humilde curita. Aprobó el comandantestó. -Usted nota, como yo, los malos retoques que la pintura tiene. Vea ese traje purpúreo, ese te la estratagema; hízose el retoque, y quedó aspectoral de similorj y observará con cuanta des- cendido el buen tío á la categoría inmediata sugracia pusiéronse ahí manos profanas. Precisa- perior, sin tener que poner en juego influencias mente en tal defecto me he basado para adquirir ni incomodar al ministro de Gracic. y Justicia. Continuó la prosperidad de la familia; el comanel cuadro sobre barato. dante subió á teniente coronel y á coronel más- -Lo que usted llama malos retoques no son tales, sino manos de color dadas ex profeso. ¿No tarde; metió el cuezo en la política, y dióse maña para que le eligieran diputado á Cortes, con lo les digo á ustedes que lo sé todo? que liaron los bártulos mis amigos y á Madrid se- -Pues á contárnoslo, amigo don Gustavo. -Comience usted, nadie nos interrumpirá- -vinieron, pues no era cosa de que personas tan añadió Pepe Andrés, dando órdenes en este sen- pudientes quedaran arrinconadas en una capital 3 e tercer orden y sus hiios sin la conveniente edutido al dependiente. -Pues, señor -comencé yo clásicamente, -éra- cación. El rango político del novel padre de la pase que se era una modestísima familia de mi pue- tria requería lujoso menaje, y ¿cómo prescindir del retrato del tío canónigo, que tan excelente blo, compuesta de padre, madre y una hija. La tal familia poseía un menos que mediano pasar, y papel hizo siempre? Pero, llegado el momento del tuvo la suerte de recibir el día menos pensado arreglo del salón: No te parece- -dijo la mujer una herencia, que, si no muy cuantiosa, repre- á su esposo- -que ese traje negro disuena horrisentaba el bienestar y la pitanza asegurada, si- blemente del tono gris perla de i aredes y muequiera ésta no se compusiera de platos superfinos bles, haciendo el mismo desagradable contraste y delicados, sino de los vulgares sota, caballo y que una mosca dentro de un vaso de leche? El rey. Parte de ésta herencia fué el cuadro que us- coronel- diputado, tragándose la partida, dió amtedes ven, cuyo original había sido tío de la mu- plios poderes á su costilla para que remediase el jer de mi historia, y vino á parar á la casa jun- desentono, y á los pocos días vieron con júbilo tamente con algunos muebles de escaso valor, todos los de la familia que el buen tío habíase ocupando el sitio de más respeto del estrado. convertido en usía ilustrísima y que sobre el moComo es lógico, la mejora de posición trajo apa- rado traje, revelador de su alta jerarquía eclerejadas más holgada vida y roce con personas de siástica, lucía un pectoral cuajado de piedras presuperior categoría á las que antes trataban, y, por ciosas. No hay para qué decir á ustedes cómo se fin, el noviazgo y la boda de la muchachuela, nada le llenaba la boca á la señora de la casa cuando fea y bastante despejada, con un teniente de In- sus amigas le preguntaban quién era el original fantería procedente de la clase de tropa, que la del tal retrato. Es un cuadro muy hermoso, ¿verProvidencia envió al pueblo sólo con ese objeto. dad? -decía. -Nos lo legó al morir mi tío el obisEra aquella una época de disturbios, en que los po. Con lo que las amigas rabiaban de celos aparmilitares tenían ocasiones de ascender como la te por no poder contar con un príncipe de la Iglesia suerte les soplara, que es lo que le aconteció á entre sus parientes cercanos. Pero cuando el tío nuestro teniente, que á poco fué capitán y luego obtuvo el último ascenso fué antes de la boda de obtuvo el grado de comandante. Esto, unido al la, hiia mayor de nuestros amigos con el vastago continuo movimiento que supo imprimir á los y heredero de un rnarqués, tan rico en pergamicuartos de su señora (pues le dió por prestar á nos como pobre de rentas. Entonces, como había real por duro mediante escrituras con pacto de que hacer ostentación de prosapia, recibió el ex retro) hizo que subiese de posición, lo que dió curita el capelo y la púrpura cardenalicios, no por motivo á que se desarrollara en su conjunta un mano de ningún legado pontificio como en tales ansia de figurar y un puntillo vanidoso que no casos ocurre, sino mediante una breve conversahabía más que pedir. Exprimido ya el jugo que ción habida entre la futura suegra del marquele pudo sacar al pueblo, y ansiando más amplios sito en ciernes y un pintorcillo de pocos escrúhorizontes, marchóse la pareja á la capital cercana, donde se instalaron en una buena casa, com- pulos, que se atrevió á poner sus manos pecadoras en la efigie episcopal. Y ahora, desaparecida prando muebles modernos y disponiéndose á haquizá la familia ó no sintiendo la necesidad de cer y recibir visitas de lo más granado de la conservar el retrato del purpurado, ha venido á población. No hay para qué decir que el prinparar á las inteligentes manos de Pepe Andrés, cipal testero de la sala ocupábalo el cuadro que el cual debe apresurarse á ordenar que laven con tenemos enfrente, que representaba, como ya he todo escrúpulo esos pegotes y que traten de voldicho, al tío de la herencia, que en vida había sido un señor cura, y estaba vestido con su ne- ver el traje talar á su prístino color, con lo cual ganarán no poco el cuadro y la verdad de los hegro traje talar. Cansada, sin duda, la comandanta chos, y así el presbítero se reintegrará á la hude verle siempre tan de luto, díjole un día á su milde categoría que le cupo en suerte allá cuando marido que, tratándose de un retrato tan bueno que á todo el mundo chocaba, por lo que siem- vivía y, sin duda alguna, volverá la tranquilidad á su alma, atribulada por culpa de las picaras hupre tenía que explicar el parentesco que con el manas vanidades, que le hicieron subir á alturas original les unió, era fastidioso que ér, -no huque él quizá nunca ambií- ionó. Y colorín colorado, biera sido otra cosa sino simple presbítero. Pero este cuento se ha icabado- -dije yo á mis oyentes, á ella se le había ocurrido un medio que todo dando por terminada la sesión de aquella noche. G. ANTHONY. Dibuío dp Méndez Bringa.