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¡Vi -lé v n- AL P I E DE LA LETRA Cogió Morales una pulmonía, 3 gracias al doctor don J u a n García, que le puso ventosas é inyecciones con singular acierto. Morales, á quien daban y? por muerto, logró poner á salvo sus pulmones. Curado totalmente, le preguntó al doctor qué le adeudaba, y éste, al ver la pobreza del cliente, le contestó que nada le cobraba, y aunque él en insistir llegó á la mcl: el doctor no admitió ni una peseta Disparado como una bala rasa corrió Morales á su humilde casa, que con asiduo trabajar sostiene, y al contar á su esposa lo ocurrido juzgaron que era de ene obsequiar al doctor esclarecido, y con muy buen acuerdo decidieron llevarle, como ofrenda, de su modesto hogar la mejor prcnd: que era un flacucho cerdo. Cargó con él Morales y á casa del doctor se fué ligero; pero cuando pisaba sus portales le detuvo el portero, pues por fijo tenía que el señor con razón le reñiría si le daba vía libre llevando un animal de tal calibre. Morales, que era terco, dispuesto á todo por romper el cerco que el portero á sus planes le ponía, argüyó y suplicó con tal porfía y dio tales razones, que el portero dejó su intransigencia y, mediante no sé qué condiciones, que el cliente aceptó con complacencia, pues realizaba así sus ideales, por fin logró Morales hallarse del doctor en la presencia. Aceptó éste el regalo del cliente viendo la sencillez que demostra ia, mas le dijo que á cambio le obligaba á aceptar el valor de tal presente, y contestó el buen h o m b r e A u n q u e mi petición á usted asombre, por ser raro aceptar así regalos, como pago del cerdo que le ofrezco, y por ser la propina que apetezco, haga usted que me den cuarenta palos. 1 escuchar tamaño disparate creyó el doctor hallarse en la presencia do un loco de r e m a t e mas, vista su insistencia, y oara no llevarle la contraria, aprobó aquella tunda extraordinaria, recordando que sabe hasta el más lerdo lo de que el loco por la pena es cuerdo. Llamar hizo á un criado de un buen bastón armado, y, scgiin del donante era el deseo, ordenó que empezara el vapuleo. Palo tras palo recibió sin pena uno, dos, tres, contándolos paciente; mas ¡Basta! dijo al recibir el veinte. T e r m i n e la faena. P e r o ahora, lo que quiero es que haga usted que traigan al portero y ciue le den, por sus instintos malos, los otros veinte palos, mitad de los cuarenta cjue fueron el total, según mi cuenta, que usted se avino á darme en su afán de querer gratificarme, pues si paso el portero dio á mi cerdo sin temor á que usted le reprendiera, fué mediante el acuerdo de obsequiarle, por vía de recuerdo, con la mitad de lo que usted me diera. CARLOS CANO. LFMA: MITAD P R MITAB