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CRÓNICA DE PARÍS MIÉRCOLES I. DE MA iZO 1 os que se dedican á crear modelos para nues tros vestidos y sombreros me inspiran lástima, verdadera lástima; sobre todo, en estos momentos tan difíciles. La lucha pacífica, pero tenaz y perseverante, está entablada. El público, dividido en dos bandos, quiere imponer su deseo, y los modistos, que, como es lógico, necesitan complacer á todos, se vuelven materialmente locos para inventar algo que por su extraordinario chic ponga á los dos bandos contrarios en la precisión de aceptarlo. Veremos si triunfan en su difícil empeño. Estamos en plena demi- saison. Las modas del momento son como el humo, que se transforman y modifican para desaparecer al instante. Responden á la impaciencia de algunas privilegiadas, que desean ser las primeras, sin preocuparse de lo que representa adciuirir varias toilettes para desecharlas á los quince días por antiguas. Yo me permito aconsejar á las personas razonables y prácticas que resistan las primeras tentaciones y esperen á que la moda de primavera se dibuje clara y concretamente. E s cuestión de algunas semanas. El blanco será este año el color predilecto; les trotteurs se hacen de ratine ó grosse serge. L a s faldas estrechas se han acortado para poder moverse con cierta libertad; la chaqueta será sencilla y corta, cruzada ó recta; pero sin fantasías. Los trajes d aprés- niidi ofrecen poca n o v e d a d los blancos craie ion de paño ó jerga muy fina, algunos en terciopelo de lana; á las chaquetas han venido á reemplazarlas grandes capas muy amplias de una pieza, semejantes á la capa española, muy graciosa cuando se maneja bien, ó el redingote, confortable en extrem El blanco domina; ¡j ro también se hacen en tonos obscuros, sobre todo, azul, ó en la escala de los escoceses, con forro de un solo color. Son mucho más matinales, pero no carecen de cierta allure chic. Se inicia con aplauso general, exceptuando algunas enemigas de lo artístico y elegante, la amplitud de las faldas. Estos días se habla con insistencia, allí donde se reúnen dos señoras, de cierto modisto que haciendo un alarde de audacia está confeccionando sus modelos de primavera con quince metros de vuelo. Es la primera vez que se cambia de moda radicalmente, sin evoluciones paulatinas que al cabo de algún tiempo constituya una transformación total. V a á ser terrible pasar sin previa preparación de una falda de un metro veinte á otra de quince metros. El cambio va á ser enorme y combatido sin piedad. Las partidarias de esas fundas de paraguas que llamamos faldas, protestarán desde un punto de vista, y las demás, ante la idea aterradora de ciue no hay posibilidad de utilizar un solo vestido de la temporada pasada. Yo detesto los extremos y creo que en el término medio se encuentra el buen guste. De todos modos, los talles seguirán siendo cortos, con faldas estrechas ó anchas. Las gasas y muselinas flcuries, con cuadros ó rayas, cj ue substituirán á las gasas lisas que se han llevado ta. nto este invierno, son una verdadera preciosidad. Se anuncian otras con motas de terciopelo obscuro sobre fondo claro, que podrán competir con las anteriores. Estos contrastes, utilizados con tacto, producen efectos maravillosos. E n las toilettes de noche, las muselinas con encajes se unen para formar el obligado voilage. Especialmente los encajes, recuperan su puesto de honor en todo vestido elegante. Se colocan formando delantero, bordeando la falda ó listando Ir, túnica de gasa ó tul. Sin duda alguna, el modelo más bonito de estos últimos días es el que acabo de ver, de liberty, tui y encaje de Chantilly, todo blanco, sujeto en la cintura por ancha faja de tercio elo negro forrad: de liberty coral, con largas caídas hasta el bordede la falda. Debo hacer constar que para todos los vestidos á encolures decolletées han desaparecido las guimpes de tul liso, adoptadas por todo el mundo y por lo tanto de una vulgaridad abrumadora. E s preciso que las guimpes sean de encaje ó tul perlé; la; malíes de oro, cubiertas de gasa de igual color qut el vestido, son siempre bonitas para las señoras que no quieran dejar sus cuellos totalmente descu biertos. P a r a las que con fundamento quieran y puedan lucirlos, no hay nada comparable á una pequeña guimpe de Alengon, que termine precisamente en el nacimiento del cuello. E n la próxima crónica me ocuparé de los sombreros, grandes y chicos. CONDESA D ARMONVILLE. D E L A Ñ O 70 A NUESTROS DÍAS í a vida cada día se hace más difícil para las per sonas que no poseen una gran fortuna. Comparando lo que gastaba una mujer elegante del año 1870 con lo que gasta hoy otra de igual posición social y metálica, se podrá apreciar el desequilibrio en que vivimos. Trasladémonos al año 70 y sigamos á una señora de las que entonces se calificaban de derrochadoras. Su bata era de lana, con cintas de seda, cuello de encaje y batista, de un precio total que no excedía de 90 pesetas. Para ijaseo y visitas tenía un bonito vestido de 150 á 300 pesetas; el sombrero, extraordinariamente caro, valía 100 pesetas; los corrientes, de 25 á 50. El abrigo censidcrado de gran lujo era de paño con cuello de skiings y forrado de petit- gris; romo máximum, costaba 300 pesetas. Un capricho que se permitían las más elegantes era