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r j a r á s que ine guarezca en tu nido? Así Dios te libre de zarpa de gato y de u ñ a de cernícalo... -Buen gorrión, haz lo que quieras... Reposa tranquilo sobre tu panza y esconde la cabeza bajo tu alita izquierda... Después... que el sueño te sea propicio. -T u pulido pico está hecho para anunciar bienandanzas. Muchas gracias, y ojalá que, al abrir mis ojos, ya el sol rojo, luciente y hermoso corone el horizonte. ¿Y qué es el sol... El gorrión se quedó estupefacto. Volvióse rápidamente hacia su interlocutora; pero el nido ya estaba en sombras y no pudo verla. ¿Y qué es el sol? -tornó á decir suavemente la golondrina. -E l sol es como una inmensa y gigantesca flor redonda que, ardiendo sin consumirse, se abre cuando amanece allá, en lo hondo del llano, á ras de tierra, y al anochecer se cierra y se pierde entre los dos más altos picos de la montaña. -Y una montaña, ¿qué es... E l gorrión pensó que la golondrina se divertía, y así contestó malhumorado: Una montaña es... dejar que duerman los uéspedcs y no importunarlos con preguntas necias. Tiempo es ahora de descansar. Imaginó el gorrión que ya podría entregarse al sueño; pero la golondrina volvió á interrogarle: ¡O h! i Yo quisiera saber lo que son las estrellas... ¡Esta es tonta... -dijo el gorrión p a r a su plumaje. ¿Cómo serán las estrellas... -tornó á exclamar la avecilla. -P u e s mira, son como los panecillos largos: objetos suntuarios imposibles de alcanzar para muchos. ¿Y los panecillos? ¡Ay, hija m í a! Como los hombres. Los de entrañas tiernas son los mejores. -Y los hombres, ¿á. qué se parecen más? -L o s de mañana á los de hoy, los de hoy á los de ayer, y así sucesivamente hasta el primero, que no se parecía á nadie. Y de esta manera, ella preguntando y él dándole por respuestas patrañas y embustes, pasaron la noche, durante la cual el gorrión creyó en más de cuatro ocasiones reventar con el ímpetu de la risa. Cuando, al fin, amaneció, el burlador trinó alegremente, diciendo: ¡Y a está aquí la bendita l u z -H a b í a m e de la luz... Entonces el gorrión rióse ya sin disimulo, y acercándose á ella, que todavía yacía en el fondo del nido, iba á llamarla tonta cuando, habiéndola contemplado, vio que la pobre era ciega. Compadecióse en extremo, y al lanzarse al aire libre y perfumado, se prometió á sí mismo usar con todos los infehces compasión y no burlas... JOSÉ A. L U E N G O ALELUYAS DE ALBARRACIN POR ANTONIO T O R R E I O N í- n i o i. Debió ver la luz también Como el que nació eñ Belén. 2. Una hermosa vaca suiza fué, su primera nodriz. ii 3. Se destetó con el gato, comiendo en el mismo plato. 4. Se soltó á hablar con un loro que llamaban Pico de oro. ÍAm -í o í; f p iV w 6. Merece su mejor fallo el tenor que lanza un gallo. Concluirá. -79 5, La lectura la aprendía en libros de Zoología. 74