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NOTAS TAURINAS uniéronse otros muy senos, pues impo bilitado de pintar y de ganarse el siLcento por consiguiente, pasó por air. argos trances el glorioso aragonés. Socorríanle con sus recursos j con sus consuelos unos pocos amigos, y entre ellos uno, torero de profesión, hombre famosísimo: Matías. Barcaiztegui, el que popularizó con sus hazañas el apodo de Martincho. diendo toros para las corridas que preparan, y, según se oye á los que intervienen de cerca en estos trámites, no hay un pitóit. No hace mucho oíamos á uno de estos organizadores de corridas hablar de su odisea en busca de toros y decía, reñriéiidose á Sevilla, en donde había estado unos días: Pregunté si tenía el marqués de Guadalest toros y no le quedaba nada; hablé por la ganadería de Muruve y ni un pitón; de Saltillo no hay que hablar, pues como, este año cprresponde al del hambre en que murieron tantos becerros, n o tiene tampoco nada. Así iba el hombre enumerando todas las ganaderías y acabó con la conocida cantinela. de qué un pitón. Es la frase consagrada y no de ahora, sino dé todos los comietizos de temporada. Nos la sabemos tan de memoria, que ya si algun a vez llega á ser cierto no lo vamos á creer. Porque es el caso que luego resulta todo lo contrario y cada año se corren más toros que el anterior, charada de difícil explicación, pero que la tiene sin duda alguna. En la pasada temporada ocurrió lo propio. A creer lo que decían los que todo lo saben en estas cabalas de toreros y toros, la fiesta Sufriría un, rudo golpe, pues que no se podrían celebrar la mitad de las corridas que querían organizar los empresarios. Con tan vivos colores pmtabañ íatenebrosa noticia, que había que aceptar su veracidad, toda vez que algunas de las razones que daban no tenían vuelta de hoja. E r a una la del año del hambre (esta servirá dos ó tres temporadas para amparar los bulos) y otra, algo más fundamental, la de haberse llevado treinta coíridas á Montevideo y Rea! de San Carlos y otras siete ú ocho á Méjico. do de España menos que para el iayierno anterior. Sin embargo de ser todo esto. muy cierto, continuaremos oyendo lamentarse de la falta de toros á los llorones constantes que gozan con largar noticias pesimistas, sin que se sepa que puedan tener con ello otra intención que la de molestar. ¡No; hay un pitón 1, decían el año pasado, y entre toros y novillos se corrieron más de cuatro mil pares de cuernos. ÁLBUM BlOaRAFICO RICARDO L U Q U E (CÁMARA) n Córdoba tienen que- salir más toreros, en proporción á los habitantes que tíenp, que en otra capital ó importante población cualquiera. No solo es que salen muchos, sino que casi todos tienen algo, bueno, que lo demuestran en cuanto aparecen en las plazas por vez primera. La causa de esto es, que en la ciudad de los califas se habla de toros más que en ninguna parte; se sueña con toros y con toreros y no hay muchacho principiante que, cuando sale por primera vez, no lleve nociones fundaméntales de todo; aunque sóIe sea de haber oído hablar. No es extraño que ocurva esto en un pueblo relativamente pequeño, en el que entran anualmente, desde hace más de treinta, años, treinta ó, cuarenta mil duros, el año que menos, llevados por los toreros. Desdé, los tiempos del Panchón; j Cámara, xíó han faltado toreros populares hijos de la morisca ciudad, llegando en los ác Lagartijo y Gu. erritáí ser erpueblo del Gran, Capitán la verdadera Meca del toreo Con esas millonadas que han entrado allí por la fiesta de toros y no faltando nunca entre los toreros de primera fila un cordobés, no es extraño que en la gente joven se despierte la emulación y no haya muchacbo de catorce ó quince años que no sueñe zon. ser nn Lagartijo, un Guerrsi ó uti Machaco. Especialmente en el barrio de la Merced, en el que vivieron siempre casi todos los toreros de Córdoba, hay un vivero constante de astros coletudos, unos con mucho brilló y otros que se apagan apenas aparecen en el horizonte taurino. De allí salió el hoy banderillero de Machaquito Ricardo. Luque (Cam ro -muchacho que hizo concebir algunas esperanzas como matador, y que después las ha confirmado coni. e peón y banderillero. En esto, sin buscar posturas que resultan ridiculas siempre, ha llegada á ocupar un lugar excélente y puede E Francisco Goya y I rtcientes. No transcurrió mucho tiempo sin que uniese al pintor y al torero estrecha amistad. En ella encontró Goya el medio de realizar su aspiración. Ya convaleciente, habló de su plan á Barcaiztegui, aprobólo éste y en cuanto el estado de su salud se lo permitió, Gíoya hizo cuanto iiabía pensado. Unido á la cuadrilla de su amigo, toreando algunas veces seguramente, pudo trasladarse á un puerto de Andalucía, donde embarco para Roma Aquel fué el término de sus sinsabores, pues en Roma encontró grotección y reconocimiento de sus rnéritos. y empezó á brillar la fama de Francisco Goya y Lucientes. P. P. CHANELA. ¡QUE NO HAY TOROS! T odos los anos, cuando liega esta fecha, circulan los mismos rumores respecto al ganado de lidia. Ningún ganadero tiene toros para las empresas, y va á ser obra de romanos organizar una corrida de reses bravas. Ya han empezado las comisiones explotadoras de plazas importantes á escribir cartas á los ganaderos pi- Todo ésto efa cierto; pero el caso fué que al hacer el resumen de cuentas cuando terminó la campaña taurómaca, sé habían lidiado cii corridas dé toros, con categoría de reses puras, escogidas y bravas, nada menos que mil seiscientas veinticuatro. Un aumento- sobre el año anterior de. ciento treinta toros. Como es ésta una anomalía qué se viene señalando años y años, no sería extraño que cuando llegara el- final de la temporada de 1911 pudiéramos decir igual. Quizá se pueda afirmar con mayores motivos, pues que en la temporada de este invierno e n las plazas americanas de Montevideo y Real de San Carlos no ha habido casi ningún estreno de toros en las corri das celebradas, siendo casi todas re prises, ó refritos, porque como allí no se matan las reses, se las ha dado un segundo golpe á las que llevaron para Fuentes en una plaza y para los Bombas en la otra, sumando unos ciento cincuenta toros los aue se han saca-